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Martes, 06 de Septiembre de 2011 10:43

Se extinguió "el día del presidente"...

por  Héctor Octavio Carriedo Sáenz
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Actores políticos, académicos, analistas y comentaristas -reiteradas veces y durante varios años- pugnaron porque desapareciera el tradicional “día del presidente” y algunos “creativos” e “innovadores” (como los que hoy proponen la reelección) junto con intolerantes e irrespetuosos actores panistas y perredistas sobre todo (igual que inútiles e ineficaces, como ha quedado demostrado con el tiempo), en su tenaz defensa de la “austeridad republicana” consiguieron que el presidente de la República dejara de presentar su Informe de Gobierno a la nación el 1º de septiembre de cada año, en ceremonia solemne ante el pleno del Congreso y los demás Poderes de la Unión.

Ahora abundan esos mismos actores, analistas y “críticos” –pero sólo críticos del presidencialismo priista- que añoran la vuelta al tradicional informe de gobierno, habida cuenta del desdoro en que ha caído la institución presidencial en estos tiempos de alternancia con panismo fallido, descomposición sociopolítica agravada, transparencia trunca, inseguridad sin límites y violencia rampante.

En la democracia auténtica es una condición necesaria de buen gobierno el informar con transparencia y, sobre todo, evaluar con objetividad y autocrítica, de frente a la nación, las acciones y resultados de gobierno; decir lo que efectivamente se logró pero, más importante aún, el cúmulo de acciones y proyectos que no se realizaron explicando los motivos de su incumplimiento. Hablar de los aciertos pero también reconocer los errores, al tiempo de decidir las rectificaciones y las ratificaciones.

Un ejercicio de honestidad intelectual, autocrítica y evaluación de gobierno es socialmente mucho más útil, que un informe retórico tradicional mencionando datos y cifras que a pocos convencen y pocos comprenden; peor aún, acompañado de una campaña publicitaria anodina, falaz, mendaz y costosa .

Ya es tiempo de que los informes de gobierno pasen por el tamiz de la objetividad sin retórica y sin frases banales; por la ponderación de las acciones, metas y realizaciones (si fueran tales) y, principalmente, evalúen los costos y beneficios sociales de las decisiones políticas, las acciones, los proyectos y las obras.

Es inaceptable en estos tiempos el autoelogio, la subjetividad y la autojustificación de gobernantes inefectivos que, en sus informes de gobierno, sustituyen con el marketing político y campañas publicitarias el análisis de la realidad; con el maquillaje de cifras y datos evitan la evaluación de las insuficiencias, deficiencias y errores de gobierno (que guste o no, siempre los hay) y con las frases emotivas pero vacías de contenido ocultan su ineficacia en los quehaceres gubernamentales. Para muestra, ahí está el V Informe de Felipe Calderón, veamos:

La misión fundamental del Gobierno de la República es garantizar la soberanía nacional, la paz y la cohesión social, así como proteger a la población y proveer de seguridad y justicia al conjunto social. No obstante ello, estando a la vista de todos -hasta de los que no lo quieren ver- el ambiente de violencia sin freno, impunidad, inseguridad y creciente miedo social en amplias zonas del país, la gestión de gobierno de Felipe Calderón deja mucho que desear, por decir lo menos; ahí están para muestra unos cuantos datos duros:

Además de las decenas de miles de muertos, los índices de impunidad permanecen cercanos al 96%; las carreteras federales (como la 45, entre otras) siguen registrando asaltos y secuestros; a pesar de la presencia importante de fuerzas federales la violencia e inseguridad en ciudades como Torreón, Monterrey, Reynosa, Matamoros, Tampico, Veracruz, entre otras, han escalado a niveles sin precedente; los asesinatos, las extorsiones y los secuestros no cesan; la migración o, quizá mejor dicho, expulsión de pequeños y medianos empresarios y profesionistas valiosos en distintas ciudades azotadas por el crimen no se detiene (se habla ya de más 200 mil empresarios y profesionistas que han salido huyendo de las extorsiones y los secuestros en sus ciudades); todo ello es palpable para los habitantes de los estados mayormente afectados por la “guerra sin mitos” iniciada por el presidente Calderón.

Lo más lamentable es que en las ciudades con importante presencia de fuerzas federales, como la zona metropolitana de Monterrey, por ejemplo, la virulencia del fenómeno delictivo es todavía mayor; pareciera ser que a más presencia federal y militar en los estados correspondiera mayor incidencia de crímenes de alto impacto, más extorsiones y más secuestros.

Inexplicablemente las fuerzas federales no han puesto un hasta aquí a los asaltos y secuestros en carreteras. Siguen las extorsiones, secuestros y desapariciones forzadas en las urbes y en ciertas regiones rurales donde prevalece la ingobernabilidad; los asesinatos de periodistas continúan, como el ocurrido ayer en la Ciudad de México del que fueron víctimas dos mujeres periodistas de la Revista Contralínea, reina, en pocas palabras la impunidad…

Este patético conjunto de datos de corrupción (como la del hermano incómodo del alcalde panista de Monterrey), impunidad, violencia e inseguridad opaca las acciones y resultados de gobierno –si los hubiera- en otros ámbitos del quehacer gubernamental; lo cierto es que la descomposición social se ha agravado, la pobreza, los ninis y el desempleo también han aumentado, por mencionar otros datos sensibles.

Por todo ello, y más que se quedó en el tintero, el gobierno de Felipe Calderón está reprobado…

 

Ultima modificacion el Viernes, 30 de Septiembre de 2011 12:02

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