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Lunes, 12 de Septiembre de 2011 22:19

11 – S: Héroes y propaganda Destacado

por  Luis Miguel Carriedo
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Rambo y los Héroes Talibanes. Rambo y los Héroes Talibanes. Google

Hace 10 años Osama Bin Laden, un millonario ex agente de la CIA, entrenado por el gobierno estadounidense para combatir la invasión soviética en Afganistán, ordenó el ataqué que derribó las torres gemelas de Nueva York estrellando en ellas dos aviones Boeing secuestrados de American y United airlines.
El atentado suicida, perpetrado por integrantes de la red Al Qaeda, se calculó para que mientras las cámaras de televisión transmitieran en vivo el incendio provocado por el primer avionazo en la torre norte -pasadas las 8:46 de la mañana-, el segundo avión apareciera en escena minutos más tarde y dejara claro al mundo, al impactarse contra la torre sur, que el asesinato de casi 3 mil personas había sido un acto deliberado de terror en contra del país más poderoso del mundo. A esas horas los medios daban cuenta de otro avión utilizado como arma para chocar a su vez en el Pentágono y uno más en Pensilvania, que aparentemente buscaba la sede del Congreso. Los Estados Unidos eran vulnerables y el enemigo no era un régimen o un gobierno, no era el comunismo derrotado a ojos de Washington con la caída del muro de Berlín y la Perestroika de Gorbachov, sino un grupo radical sin territorio fijo capaz de morir a cambio de lastimar a civiles y reivindicar sus agravios contra la potencia que antes había sido aliada de su guerra santa.
Los héroes enemigos
Los grupos radicales islámicos en Afganistán habían sido impulsados, entrenados y armados durante casi toda la década de los 80 por la CIA. Incluso Hollywood, en aquellos años, dedicaba su aparato de propaganda para presentarlos como héroes, el David afgano frente al Goliat soviético, y así, vimos a Sylvester Stallone en Rambo III luchando al lado de los muyahidines contra los rusos y enalteciendo su Yihad o cruzada santa. La película tiene imágenes de estos “héroes” portando pancartas con la foto de Bin Laden y es dedicada a ellos con un emotivo final.[
El 11 de septiembre de 2001 los compañeros de Rambo eran reales, irracionales, radicales y asesinos, capaces echar abajo, frente a las cámaras de todo el planeta, la seguridad interna en el corazón de Manhattan y en la capital de la seguridad nacional norteamericana. Estábamos frente a golpes asesinos que sólo un fanático podría justificar con alegría al sentir que eso merecía “el imperio” como parte de un ajuste de cuentas con su propia historia de abusos. Fueron asesinatos implacables contra civiles, igual migrantes latinos que turistas, bomberos, amas de casa o empresarios.
Esa mañana pudimos ver en directo como personas se lanzaron al vacío escapando de las llamas. El mundo no acababa de reponerse de las crudas imágenes cuando el presidente republicano George W. Bush, lanzaba ahora su propia invasión contra el régimen Talibán afgano al que antes su partido, el gobierno de su padre y la propaganda de Hollywood ayudaron contra los rusos. La guerra "contra el terrorismo" devastó con bombardeos Kabul, la capital afgana, pero no pudo evitar nuevos ataques ni detener a Bin Laden (su ejecución se dio apenas hace unos meses).
El miedo generó encuestas favorables a la respuesta armada contra cualquier gobierno que estuviera o pareciera estar de acuerdo con Bin Laden. Los estadounidenses veían con gran simpatía la cruzada armamentista de Bush, quien sumó el apoyo de España e Inglaterra, países que tenían como jefes de Estado al líder de la derecha ibérica José María Aznar y al laborista inglés Tony Blair.
Bush aplastó por igual a militares afganos que a civiles, y no conforme con ello, tuvo una segunda escala en Irak envuelto en la bandera del ataque terrorista contra las torres gemelas. Ahí descabezó (literalmente) a otro ex aliado de su gobierno (y de su padre): Sadam Hussein.
El pretexto eran informes de inteligencia británicos que apuntaban al régimen iraquí como potencial terrorista por tener en su poder armas de destrucción masiva listas para ataques similares al del 11 de septiembre de 2001. Nunca se encontraron las armas y Blair, Bush y Aznar tuvieron que reconocer errores en esos supuestos reportes otrora contundentes.
Irak había sido destruido junto con su “tirano” gobierno, pero no había armas ni líderes de Al Qaeda. Los simpatizantes de Bin Laden entonces tuvieron un nuevo pretexto, y atacaron con bombas la estación de Atocha en Madrid el 11 de marzo de 2004, y el metro de Londres el 7 de Julio de 2005. 191 muertos en Madrid y 56 en la capital inglesa.
A 10 años de la tragedia neoyorquina, Bin Laden ha sido ejecutado, Irak y Afganistán, sin armas de destrucción, sufrido incalculables muertes de civiles, muchas más que Nueva York, Londres y Atocha juntas. El mundo desconfía del color de piel y lo que huele a árabe huele a terrorismo, tan solo en Londres, la policía asesinó al electricista brasileño Jean Charles de Menezes en la estación Stockwell. Lo confundieron con un presunto terrorista (Husein Osman) implicado en los bombazos de 2005.
El mundo cambió, Aznar no
Muchas más han sido las consecuencias de aquella triste mañana, hace 10 años en Nueva York. La izquierda española superó los pronósticos y ganó la elección en 2004, al descubrirse que Aznar volvió a engañar a su gente culpando al grupo terrorista ETA del bombazo en Atocha días antes de los comicios. Al Qaeda reivindicó el ataque (era una venganza por la participación ibérica en la guerra contra Irak) después de que el propio presidente Aznar se había comunicado con los directivos de los dos principales diarios españoles para asegurarles que era la ETA. Había oportunismo electoral del gobierno, porque su opositor socialista y candidato a la presidencia, José Luis Rodríguez Zapatero, simpatizaba con tender puentes de diálogo con los radicales vascos para darle una salida pacífica al añejo conflicto. Aznar intentó utilizar el dolor de los españoles y canalizar su furia en contra de Zapatero, cuando menos esa fue la percepción de buena parte de los electores. Se sintieron desinformados y castigaron al manipulador.
Unos meses más tarde, en Julio de ese año, los periodistas Marcelo Cantelmi y Pablo Cerón publicaron en el diario argentino El Clarín, una elocuente entrevista con Aznar, donde reconoció haber informado a directivos de El Mundo y El País que los indicios apuntaban a una responsabilidad de ETA en Atocha.
El ex presidente español afirmó en aquella entrevista: “Sé que decir esto me va a reportar algunas críticas, porque es más fácil ser antinorteamericano y después pedirle a Estados Unidos que lo resuelva todo. Muchos lo critican a Bush, pero después le piden que los salve. Creo que Estados Unidos sigue siendo la mayor garantía de la seguridad del mundo” (El Clarín, Julio de 2004).
En 2011 las armas de destrucción masiva siguen sin aparecer, Hollywood ha borrado de sus guiones el heroísmo que destacaba de los talibanes en los años 80 (ahora son los antagonistas). El mundo cambió sin duda luego del 11 de septiembre, pero no es claro en el balance que este episodio y sus consecuencias en la historia reciente eviten cometer los mismos errores. Los bombardeos asesinos no acabaron con los ataques terroristas, el oportunismo y la propaganda si han acotado más el falso proyecto de sociedades con mayor libertad y justicia. Ojala terminen las secuelas de muerte que pretenden justificarse con hipocresía, envueltas en la bandera de un cobarde asesinato aquella mañana en Nueva York.
Ultima modificacion el Lunes, 23 de Abril de 2012 18:11

Video relacionado

Rambo y sus aliados Talibanes contra los rusos. Youtube.

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