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Martes, 06 de Diciembre de 2011 17:48

Mire en la Trinchera de México No. 3

por  Bernardo Carriedo Saenz
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Editorial Número 3, 1956

Las Próximas Jornadas Estatales

En el curso del año que comienza una docena de entidades federativas eligen a su nuevo mandatario. Este hecho, que en cualquiera de ellas reviste primera importancia de carácter institucional, en un grupo tan numeroso alcanza proyecciones que ya se están comentando en todos los círculos políticos, lo mismo en los de política  de campanario, que en los de la política grande que corre  de Suchiate al, Bravo  de Sonora a Yucatán.

Efectivamente, nuestra Patria está hoy conformada de tal suerte que la claridad y el acierto en los destinos de los Estados es la misma claridad y acierto en los destinos de la Nación.

Ni la soberanía de los primeros, ni el concepto integral de la segunda, se oponen a esta armonía, a menos que se lleven los alardes a un terreno de antagonismo que, más que una prueba de fortaleza, sería un síntoma de anarquía. Siempre se han parecido mucho estas dos cosas, la fortaleza y la anarquía; pero en realidad, es lo más antiético que puede existir.

Dada la homogeneidad de funciones, que dejamos señaladas, las jornadas electorales para los Gobiernos de los Estados, que ya se avecinan, deben realizarse dentro de los marcos escogidos para la realidad pública nacional. Ni el fondo, ni en la forma, la República está seccionada. Y precisamente esto, que es biológico requerimiento, es lo que se presenta a los acostumbrados comentarios sobre deficiencias, del sistema electoral, sobre imposiciones, sobre candidatos únicos y sobre obliteración de la auténtica y genuina voluntad popular.

Quienes así piensan  y dicen, apoyándose en los legítimos movimientos de un partido- el inexactamente llamado partido oficial-que casi siempre ha estado solo en la brecha-de lo cual él no tiene la culpa-,quisieran que sus minorías gritaran más que las mayorías y, para ello, que los organismos centrales del partido de la Revolución no ejercieran ninguna influencia sobre la masa del pueblo  que milita en sus filas; es decir, que desaparecieran las plataformas electorales, acostumbradas en todos los rincones  del mundo, sencillamente porque a ellos les ha dado por llamarlas imposición  y dictadura política. Entonces las plataformas propias podrían hacerse valer, ayudadas de muy socorridos y muy conocidos recursos, provocando el cambio radical que, más que la pretendida pureza de los procedimientos electorales, en lo que se busca.

A esto si lo llamarían libertad, por la vieja manía de otorgar este nombre más que los privilegios que ellos, o sus padres, o los padres de sus padres, están acostumbrados a disfrutar.

En las próximas jornadas para la elección de Gobernadores se repetirá el mismo fenómeno e idénticas reclamaciones, sea que la llamada oposición se presente a la lucha, sea que no se presente. La vacilación en este punto no es una muestra de aristocracia- esta aristocracia tan celosamente guardada por la oposición derechista- ni una señal de entereza-posición muy defendida por la oposición de la otra mano-; sino en las masas que es muy fácil poner a flor de labio, pero que ya no es tan fácil llevar a las urnas, aunque se trate de ese recurso tradicionalista  tan explotado, que es la mujer mexicana.

Se dirá que el PRI impone los Gobernadores desde sus oficinas centrales y que los presuntos están esperando el espaldarazo del PRI, y no precisamente del pueblo de su Entidad, para considerarse ya electos y seguros mandatarios. Ciertamente, el hecho de que la oposición no quiera discutir al PRI- por aristocracia, por entereza o por desconfianza- las plataformas electorales y de que, por consiguiente, las del PRI sean las únicas, hace aparecer como decisiva la selección del Partido.

Se podrá discutir si la democracia es absoluta o no, pero no se puede discutir que es el único factor democrático que sale al campo y la expresión más fiel, hasta donde es posible, de una voluntad popular que nunca y en ninguna parte sea manifestado sin organizaciones, sin plataformas, sin candidatos y sin programas. Los que hablan de carencia de libertad son precisamente los que la están traicionando y volviendo la espalda. El PRI, recogiendo del ambiente popular a los mejores elementos de sus programas en cada Entidad, devolviéndoles con el sello de su candidatura, y aunque sepa que por ser única es casi segura, rinde a la libertad, en este caso electoral, el tributo que está obligado a rendirla y en la forma en que está obligado a hacerlo.

¿Qué, por estar en el candelero, ejerce presiones? Esto no es nuevo, ni deja de existir en los pueblos más adelantados, los que sin embargo tienen un juego electoral donde la oposición no adopta medidas que podrían llamarse infantiles.

Esta peculiar  condición de nuestra vida política pone al Partido que resulta casi único- y en muchos casos de Gobiernos de los Estados, único del todo- en uno de sus mayores compromisos: el de no errar en la selección de sus candidatos.

Esta responsabilidad  se ha dejado sentir muy saludablemente en los últimos años. Los yerros, que también han existido, han puesto más de relieve el acierto en los demás casos.

Para campañas electorales relativamente breves y cortas, porque el proceso está facilitado por la ineludible presencia de una revolución que no puede negarse a sí misma y porque han desaparecido, en un concepto más ajustado a la realidad, los grandes y casi  fabulosos dispendios  de otras épocas, el mecanismo revolucionario saca de sus filas a los hombres mejor dotados, por aptitudes, por preparación y por arraigo regional; y estos son los que ofrece a sus propios adeptos y a todo el pueblo. Enteramente igual a como lo harían los partidos  de la oposición dentro del terreno común de los mexicanos y si, por esta causa, se decidieran a hacerlo.

También en este sentido se repetirá la historia: los nombres que conocemos, con ligeras excepciones de anodinismo, responden  a lo que llamaríamos “el sentido funcional” del cargo. Se podrá discutir si unos mas y otros menos, pues los hombres distan mucho de ser ecuaciones algebraicas; pero no puede negarse que los cuadros formados o por formar superan con mucho aquellas perspectivas de los jefes políticos de nuestra historia o nuestra leyenda negra.

Nosotros apoyamos a la Revolución en sus hombres. Lo demás, lo que llaman imposicionismo, ya no es cosa neutra ni de los hombres de la Revolución: esto lo causan, lo fraguan y lo determinan los mismos enemigos de la Revolución.

Ponerle nombre resulta lo más fácil, ya que cada bando tiene su propio diccionario.

 

 

 

Ultima modificacion el Domingo, 25 de Diciembre de 2011 13:08
Bernardo Carriedo Saenz

Bernardo Carriedo Saenz

Nostalgia

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