Jueves, 08 de Diciembre de 2011 01:46

¿Ya tiene a su candidato?

por  Humberto Ortíz
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Tenga cuidado. Las apariencias engañan. Y más en la política mexicana. Si hoy fueran las elecciones presidenciales, nos dicen las principales encuestadoras, Enrique Peña Nieto barrería a sus contrincantes y encaramaría al PRI otra vez a Los Pinos.

Pero insisto. No nos engañemos. Esta es mi premisa principal: no por ser buen candidato será buen Presidente de la República. No es lo mismo Peña Nieto que… Manlio Fabio Beltrones, por ejemplo.

Me explico. En la baraja de presidenciables de los tres principales partidos políticos nacionales, las cartas están abiertas. No temo equivocarme si los enlisto aquí: PRI, Peña Nieto y Manlio; PAN, Ernesto Cordero, Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel; y PRD, con Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador.

Aquí no creo haya sorpresas. La pregunta más importante, desde mi punto de vista, no es quién de ellos será abanderado, por muy seguros que se sientan de ganar las respectivas contiendas internas, por más que unos nos caigan mejor que otros o, según los  conocedores, se afirme que están muy prefiguradas las candidaturas presidenciales.

Me pregunto –y confío que muchos otros mexicanos lo hagan y analicen mejor su decisión- si cualquiera de ellos, sí, cualquiera, podría ser un buen Presidente de la República. No me voy a detener mucho en analizar sus trayectorias, algunas de sobra conocidas y otras no tanto.

Sin embargo, a la vista de todos nosotros están los hechos y los desechos. Ninguno, hasta donde he podido apreciar, tiene un ideario ni una propuesta que lo perfile como legítimo jefe de Estado.

Tiene razón Manlio Fabio Beltrones cuando cuestiona: si el PRI regresa al Poder, ¿para qué lo quiere? Es una cuestión no sólo de priístas, sino para todo aquel partido o candidato que aspiren obtener el máximo cargo político del país.

A mayor precisión: de ganar la Presidencia de la República, ¿sería mejor mandatario Peña Nieto que Beltrones? Mi respuesta tajante es no. Pero si se trata de un mejor candidato, sin duda se invierten los papeles.

¿Quién le gusta más, Cordero, Vázquez Mota o el persistente Creel? Si hablamos de imagen, la diputada panista se los lleva de calle. Mujer al fin, acarrearía votos de la población femenil hoy mayoritaria en el país. ¿Sería buena gobernante? No pudo con la maestra Gordillo –nadie ha podido- y dejó más dudas y claroscuros que resultados en la SEP. ¿Ya ve la diferencia?

Como legisladora presidenta de la Junta de Coordinación Política, por andar en campaña abandonó la negociación para el nombramiento de tres consejeros del IFE, entre otros temas fundamentales. Acompañó con su conducta un vacío que vulnera la eficacia del Consejo General y destempla los precarios equilibrios políticos en el órgano colegiado.

De Creel y Cordero, ni hablar. El primero arrancó antes, pero será difícil que desde Los Pinos lo dejen llegar. Como la gran mayoría, carece de ideario político y su discurso, aunque rupturista de la línea presidencial, suena monótono, vacío. Al segundo, ¿usted lo conoce? Bueno, sí, es secretario de Hacienda y fue de Desarrollo Social, cartera ésta que desperdició imperdonablemente.

A Cordero ni las bravuconadas le quedan. Son más mediáticas y no van con su ñoña personalidad. Pretenden construirle una candidatura desde el gobierno, pero por más recursos que le metan están muy lejos de convertirlo en un producto atractivo para la clientela electoral.

Qué decir de Ebrard y su otrora protector López Obrador. Ambos con experiencia en campaña y de gobierno. De perfiles muy distintos, tienen una visión similar en la operación política y las políticas públicas cargadas de populismo. Su principal problema es el mismo: su partido. AMLO tiene la alternativa de ir con el registro de Convergencia y PT, pero la fractura de la izquierda sería letal en sus aspiraciones.

Ebrard no es visto como un mal candidato. Al contrario. Si bien tiene al DF hecho un desastre vial y urbano con sus megaobras, a la larga podrían traducirse en beneficios para la población y, claro, en votos. Buen gobernante. Laxo con las marchas y plantones, pero justamente su empatía con las fuerzas vivas y los grupos de ultras le puede costar el apoyo de la influyente clase media y media alta de esta ciudad. De todos, quizá, es el mejor evaluado en su desempeño público.

¿Qué quieren pues los partidos para el país? ¿Buenos candidatos aunque resulten malos servidores públicos? ¿Figuras mediáticas más que buenos gobernantes? ¿Campañas efectivas más que propuestas viables de gobierno? ¿Acaso queremos los votantes repetir una y otra vez la historia de equivocaciones al emitir nuestro voto?

Hagamos un ejercicio de reflexión en serio. No nos detengamos en las personalidades. Porque si de eso se trata, entonces no le reclamemos –si gana- a Peña Nieto en caso de resultar mal gobernante. Al cabo, no gobernaría con su galanura de telenovela de Televisa.

En contraste, Manlio ha decidido irse por la propuesta seria y llana, por la serenidad en el mensaje, por las ideas más que por la declaración estridente. No me malinterpreten. No lo exalto en demasía. Ahí están las publicaciones periodísticas.

¿Pero resultaría un buen candidato, vendible al electorado? Tendría la propuesta, acaso no la imagen ni la personalidad de Peña Nieto. La vasta experiencia dentro del sistema político frente a la juventud y el empuje de un buen operador político. La eficacia en el manejo de los órganos de gobierno ante el ascenso meteórico de un político que, respaldado por un poderoso grupo político mexiquense, no reniega ni ha renunciado a las viejas usanzas tricolores.

No creo que el electorado –con todo respeto- se detenga a evaluar estas cosas, pero sí considero necesario reflexionarlo así: ¿qué queremos los mexicanos, buenos candidatos o buenos gobernantes? Y no forzosamente se dan al mismo tiempo en los políticos.

Tampoco tengo claro si los partidos optarán por evaluar capacidades y propuestas para escoger abanderados con la seguridad de que se desempeñarán cabalmente como servidores públicos. No sé si acaso les pase por la mente.

Lo que me queda claro es que sin importar ninguna otra cosa, harán todo lo que sea necesario para recuperar el poder (PRI), conservarlo (PAN) o remontar las encuestas para conseguirlo (PRD).

En cualquier escenario, mi expectativa –y creo que la de todo México- es que ya sea giro, pinto o colorado, nos recetarán de nuevo las postulaciones de siempre en sus listas de candidatos: el mejor posicionado (dedazo), cuotas, cuates y otras especies del pasado que parecían extinguidas.

 

Y usted… ¿ya tiene a su candidato…?

 

Ultima modificacion el Jueves, 08 de Diciembre de 2011 01:51
Humberto Ortíz

Humberto Ortíz

Ojo de reportero

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