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Viernes, 09 de Diciembre de 2011 16:23

Los umbrales del futurismo

por  Bernardo Carriedo Saenz
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EDITORIAL DE MIRE  No. 14 Marzo de 1957.

El caso del pueblo de México  no es si acepta o no acepta  la Revolución que se hizo y que se está consolidando  institucionalmente; sino continuar en los cauces más apropiados para dar una efectividad social  a una revolución inobjetable.

Dentro de esto, puede haber controversias, puede haber partidos, puede haber diversos puntos capitulares de un programa y puede haber también personalísimos que hagan doctrina y formen escuela, porque tal es la forma acostumbrada entre los hombres de llevar los problemas y poner en práctica las soluciones. Contemplamos aquí un mayor desarrollo de la democracia mexicana, que ha de venir por el procedimiento natural de los valores sobresalientes y el mutuo contraste de los mismos, lo que nos separara siempre de las dictaduras de clase o partido, que son tan nocivas como las dictaduras personales.

Con todo y la importancia que este factor tiene, no es el que más preocupa al pueblo de México, sino que hay otro que, por razones biológicas-también los pueblos tiene su biología le antecede: el factor económico. Así como hay etapas en la que la política es el eje del dinamismo de un pueblo, hay otras en las que la economía absorbe todos los puntos de vista, no para sacrificarles- las jaulas de oro no son ningún ideal -, sino para darles la necesaria consistencia –las caras flácidas no son los ciudadanos perfectos -. En esta última está el pueblo de México; de tal suerte que el primero de los postulados de la conciencia ciudadana es el proseguimiento de los planes económicos  que han caracterizado a los últimos regímenes, muy por encima de la pasión turnante que se complace  en levantar nuevas concepciones sobre terrenos recién estrenados. No es que la economía no sea algo discutible, sino que las experiencias económicas, al menos en sus trazos más amplios y generales, son un compromiso que se adquiere sobre el cuerpo vivo de la nación, y con la mirada puesta, no es la cantidad de los esfuerzos, sino en la necesidad de los mismos y el superior empeño  de sacar adelante  una causa colectiva. es cierto que los actuales planes económicos  imponen sacrificios, al mismo tiempo que ya están rindiendo prosperidad; es cierto que la exoneración de estos sacrificios y el regadío de los bienes patrimoniales, rompiendo moldes, ha sido siempre una bandera muy llamativa, tanto para los de arriba como para los de abajo, según se quiera presentar; es cierto también que esto sería una claudicación en los empeños que van por tan buen camino, un ilusionismo de falsa prosperidad y una de esas hipotecas de la libertad de un pueblo, que con frecuencia se establecen en nombre de la misma libertad. No discutimos sistemas: únicamente queremos arrancar todo aspecto demagógico a los problemas económicos de México.

Tanto para cometidos de carácter político, como para los de carácter económico, se necesita una personalidad vigorosa, no para imponerse al ambiente- que estas imposiciones siempre han sido extrañas a nuestra idiosincrasia-sino para recogerle en toda su integridad y aplicarle, con la bondad natural que él tiene, tanto a los problemas internos del país, como a los problemas internacionales en los que México goza de una autoridad muy respetable.

Porque esta es la ventaja que tienen nuestros medios sociales económicos y políticos- esto último en el más popular de los sentidos-: que no se necesita rectificarles, como allí donde las tiranías lo han deformado; sino recogerlos con criterio sereno y utilizarlos con buena intención.

 

Ultima modificacion el Sábado, 10 de Diciembre de 2011 14:25
Bernardo Carriedo Saenz

Bernardo Carriedo Saenz

Nostalgia

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