Domingo, 25 de Diciembre de 2011 13:08

Mire en la Trinchera de México No. 5

por  Bernardo Carriedo Saenz
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VILMA PRIMERA REYNA DEL MAIZ. SEÑORITA VILMA GONZALEZ FAJARDO FERIA DEL MAIZ EN GUADALAJARA , FIEL EXPONENTE DE LA TRADICIONAL BELLEZA TAPATIA. VILMA PRIMERA REYNA DEL MAIZ. SEÑORITA VILMA GONZALEZ FAJARDO FERIA DEL MAIZ EN GUADALAJARA , FIEL EXPONENTE DE LA TRADICIONAL BELLEZA TAPATIA. Revista Mire

La Tónica de Acapulco - 16 de mayo de 1956.

La vigésima segunda Convención Bancaria, celebrada en el puerto de Acapulco en la postrer decena del mes pasado, ha sido una oportunísima recopilación de datos y exposición de principios, tanto a cargo de los representantes oficiales, como de los factores de la iniciativa privada, bancarios, industriales y comerciales. Porque aunque estas Juntas sean específicamente de los sectores financieros, concentran ya los puntos de vista de todos los intereses económicos del país; en lo que, radica, creciendo cada año, la importancia de las mismas.

El informe más completo, rendido por la Secretaría de Hacienda, abarca las cifras del pasado año y las del primer trimestre del presidente: haciendo notar, con el peso sereno de los números, los avances que hemos logrado desde aquel punto de partida que puede concretarse en el momento más depresivo de los últimos años, coincidiendo con la diversa cotización de nuestra moneda. De entonces acá-dos años- las cifras han subido mucho, siendo la primera de ellas la del monto de la producción nacional, que fue de ochenta y cuatro millones de pesos durante el pasado año, promete elevarse acerca de cien mil millones. Este es el dato más genérico, pero es también el primero en importancia para medir nuestro desarrollo y la proporción de las economías privadas y de la economía fiscal.

En efecto, si durante el pasado año, los ingresos fiscales no alcanzaron a requerir un diez por ciento de todo el esfuerzo nacional puesto en números, durante este año la proporción será todavía menor; lo que, globalmente considerado, es un dato muy satisfactorio, porque revela que los intereses públicos no medran por el facilísimo y socorrido expediente de las mayores tributaciones, sino por el incremento real de la producción y del consumo, con todos sus procesos intermedios, por la planeación de programas y por la depuración administrativa.

Siguen, e importancia, los índices de nuestra balanza, tanto comercial como la de pagos, que han sido francamente favorables; la primera, con aumento de exportaciones sobre importaciones, y la segunda con una mayor cantidad de oro y divisas extranjeras en nuestros depósitos oficiales.

Esto dio lugar a una serie de problemas- los problemas de la relativa abundancia y de las cifras grandes-, que merecieron una disertación especial del Director del Banco de México, en defensa de las medidas adoptadas para evitar la inflación, por un lado, y no disminuir las corrientes del crédito, por otro.

Tal fue uno de los más interesantes puntos de confluencia de la acción oficial y de la iniciativa privada, que en Acapulco, como  a través de todas las declaraciones que en cualquier circunstancia se han hecho sobre este discutido tema, fue tratado con la prudencia y moderados tonos que convienen a los principios de nuestro desarrollo. Las voces de la banca, de la industria y del comercio, no fueron parcas en señalar las reformas que, a juicio suyo, es menester ir paulatinamente haciendo, para que, sin detrimento de los objetivos de bien público que el Estado siempre contempla, las aguas vuelvan a sus verdaderos cauces, muy lejos de toda competencia mutua del Estado y de las empresas privadas. Donde el Banco de México ha puesto restricciones anti-inflacionistas, la banca privada cree que ha sido sacrificada en su desenvolvimiento y, por ende, en sus utilidades. Donde ha sido el Gobierno el que ha abierto los caminos de las funciones sociales del capital, fundando empresas que sin márgenes utilitarios, más aún con subsidios oficiales, han contemplado y siguen contemplando el bien de las grandes masas;  la iniciativa privada reclama ya estas atribuciones, dando con ello a entender que la lección ha sido aprendida y que está dispuesta a poner en práctica sus propios procedimientos con un sentido muy diverso del que hasta ahora ha tenido. No se dijeron así las cosas en Acapulco, pero es fácil entenderlas; porque de otra suerte, querer disputar al Estado, en virtud de lo que llamaríamos lo más depurada ortodoxia económica, el manejo de empresas que fomentan la producción, los precios, la distribución y los créditos, sería volver al más acusado feudalismo, con incalculables trastornos para todos. Porque saben muy bien los banqueros, como lo sabe todo el mundo, que las funciones sociales del dinero y de las instituciones que giran en torno de él, ya no se puede prescindir.

Las observaciones, por consiguiente, que la banca privada hizo a este propósito en la pasada Convención, no pueden interpretarse  más que como una saludable posesión  de du papel en las esferas de la economía general, llegando hasta las aplicaciones más detalladas, como el problema de la vivienda que ampliamente fue tratado en todos sus aspectos por el Director del Banco Nacional Hipotecario y de Obras Públicas. No dejó de llamar la atención lo concreto de este tema en una reunión bancaria. Partió de un organismo oficial; pero iba sin duda enderezando a despertar el interés privado por una de las más importantes obras de finalidad social.

Los banqueros han notado que el Gobierno pierde en la mayor parte  de sus operaciones, con el obligado y correspondiente cargo al presupuesto. No es que esto sea muy caro para el bienestar social que con ello se compra; si no que la iniciativa privada ya cree estar en disposiciones de absorber estos cometidos, tanto en sus aspecto financiero- que para el caso fuera lo menos importante- como en su aspecto social.

De aquí la importancia que tuviera la representación de todos los sectores económicos, y no solo de los bancarios.

El transito, si es que ha de hacerse, necesitará antes, sin duda alguna, un espacio de prueba, durante el cual subsistirá “la coexistencia de la empresa pública y de la privada”, de que hablara el licenciado Carrillo Flores.

En el terreno de los hechos, y con vistas a las grandes  mayorías, es donde la banca, la industria y el comercio acreditaran la suficiencia económica y moral, llevándoles a ser naturales y legítimos  sucesores del Estado en la misión de empresa.

No serán pocos quienes opinen que esto es un ideal muy lejano; pero a la tónica de Acapulco hay que juzgarla, ante c

Bernardo Carriedo Saenz

Bernardo Carriedo Saenz

Nostalgia

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