Viernes, 06 de Enero de 2012 13:42

Editorial No. 7. julio de 1956.

por  Bernardo Carriedo Saenz
Vota este artículo
(0 votos)

La Validez de los Moldes Revolucionarios


En una de nuestras ediciones anteriores, a propósito de un momento en que parecía que las aguas políticas comenzaban a revolverse con esos círculos característicos de las marejadas preelectorales-que entre nosotros, y en todos los pueblos son más importantes que las mismas electorales-, afirmábamos que el llamado Partido Unico- único porque los oposicionistas se salen de los marcos revolucionarios, por exceso o por defecto, y además porque así fue su positiva fundación, con una especie de monopolio que hoy le quieren discutir- se ha desgastado en una lid muy meritoria- luchar sin enemigos grandes en una mala coyuntura- pero no se ha invalidado, como quieren aquellos que juzgan necesario el establecimiento de otro partido revolucionario, en calidad de heredero; nuevo partido que, por no ser propiamente un adversario- suponemos que no se trata de sembrar confusionismos en los ideales de la Revolución-,no tendría una función propiamente vigorizante, sino tan sólo de atracción por el cambio, algo así como una renovación de cuadros en el interés del público que asiste a un espectáculo.

Esto, o es una concepción de pobreza institucional o es una disimulada confesión del fracaso de uno de tantos moldes democráticos como pudo haber tomado la Revolución Mexicana, a medida que sus destinos cayeran en una u otra mentalidad, en una u otras manos.

Nadie pone en duda que, cumplida su misión, es necesario superar, democráticamente hablando, la mentalidad y las manos del creador del Partido Oficial, entonces llamado Partido Nacional Revolucionario, Lo que entonces, en la mentalidad y en las manos de Plutarco Elías Calles, pudo ser conveniente para evitar la anarquía política a que se prestaba el momento- y

Calles era la típica expresión del monolito-, hoy es insuficiente y se ha vuelto perjudicial, al desarrollarse a su sombra la malicia y la incredulidad de las masas, que han extendido a todo lo que lleva el denominador de político el gesto de desconfianza, y más aún, de la seguridad de malos manejos.

Mientras no se venza esta crisis, al igual que se restaura el crédito de un establecimiento, ni partidos oficiales ni partidos oposicionistas- pese a su malévola satisfacción-,podrán cumplir nunca su cometido. Si no queremos que la Revolución sea vista como un juguete de hombre o un monopolio de políticos, es preciso, ni quien lo dude, abrir nuevos rumbos dentro de los mismos ideales y también de los mismos moldes; de tal surte que no es una liquidación lo que hay que hacer, sino una ampliación de los muy estrechos- y monolíticos- causes que dieron origen al actual organismo.

En esta ampliación puede surgir otro partido, u otros varios, siempre auténticos: pero nunca formados exprofeso y como táctica, sino brotando naturalmente de la misma fecundidad de una idea y de una gesta que asombró al mundo. Y es aquí el momento de decir que, aunque el pueblo ha perdido gran parte de su fe en los revolucionarios, no la ha perdido en la Revolución que comenzó a hacerse en 1910 y que se ha sostenido, aún cambiando lógicamente de procesos, sobre lo que se ha conseguido y lo que se ha frustrado.

Dos aspectos son los que integran el fondo y forma de Partidos Revolucionarios, tanto del único hoy existente, como de los que pudieran brotar, sin forzamiento alguno: al aspecto político y el aspecto económico, teniendo los dos como resultante la conformación social.

La Validez de los Moldes Revolucionarios

En los dos han surgido divergencias, que casi han llegado a partidos, provocadas, no por degeneración e las líneas revolucionarias, sino por la prevalencia de unos programas a costa de otros: los del populismo a costa de las institucionales y viceversa; los de los factores de la producción económica a costa de la distribución y viceversa también.

Trasladando las cuestiones de forma, que tienen valor adjetivo, a las substantivas de fondo, es decir, las conformaciones y denominaciones políticas a los problemas mismos, políticos y económicos, el caso adquiere mayor claridad, mayor lucidez y también mayor interés para las masas que han trascendido nombres, episodios y calificaciones.

Es muy posible que aquí esté el resorte de la vigorización de la política y, concretamente del Partido Revolucionario que hoy la domina.

Contra la caducidad de las plataformas personales, es preciso enfatizar y reforzar la de programas realistas, desde las grandes trayectorias nacionales hasta los detalles mínimos de la administración del gobierno: desde las cifras grandes-tan florecientes-hasta las cifras pequeñas-tal olvidadas-.

Frente al esforzamiento indudable de las jornadas electorales que, aún siendo la clave jurídica de nuestro democrático sistema, no son la misma expresión más viva al sentir colectivo-ni tal vez hoy deba serlo, pues el temido riesgo de un resultado desfavorable sería tan insubstancial como la seguridad que hasta ahora se ha tenido en ellas-, bien se puede instaurar una fluidez que hace tiempo está de discurrir por cauces substantivos, apantallados- como es vulgar decir-

por los personajes.

No es pequeña la tarea ni fácil el cometido. Las fuerzas políticas se encuentran en más de una encrucijada y se neutralizan en más de una de esas alternativas contemporáneas, las que unas veces nos hacen aparecer como elementos retardatarios y otras como elementos disolventes. Achaque es éste de los tiempos y, para vencerlo, será preciso ir sorteando los extremismos, aunque lleven denominaciones turnantes en la política nacional; hasta que ellos mismos se disuelvan, no sólo en el escenario del país, sino en el escenario del mundo.

A su vez, los programas económicos también se devoran uno a otros, cayendo en la simpleza de antagonismos que han sido muy notorios en los diversos regímenes en los últimos lustros. No han sido, sin embargo en vano; porque después el reparto, se apreció la necesidad de la producción; y creciendo ésta se sintió mejor la necesidad del primero; llegando a la conclusión de una armonía- difícil, pero no imposible - en la cual estamos dando los primeros pasos.

Muy curioso es que para esta empresa, en la que situamos el vigor político, no se cuente ya con figuras que fueron muy señaladas en los escenarios que todavía se pueden llamar recientes. No es éste el problema fundamental; pero llaman la atención tantos “retiros”, cuando lo clásico en la política de todos los pueblos es la continuación de los nombres al pie de los programas, siendo excepción los casos de voluntarios opacamientos.

Si la política fuera un negocio, se explicaría el hecho, porque todos los negocios tienen su finiquito; pero siendo una función- nosotros pensamos en derecho, o porque así es, o porque así debe ser-, las prudentes retiradas tienen algo de claudicación y abandono de una causa, en la que se puede bajar de jerarquía, pero no de tono.

Así fraguamos crisis artificiales de hombres, que no han sido las menos perjudiciales ni el arma más pequeña de los domésticos enemigos.

 

 

Ultima modificacion el Martes, 10 de Enero de 2012 22:37
Bernardo Carriedo Saenz

Bernardo Carriedo Saenz

Nostalgia

Sitio web: editorial

Ultimos artículos de Bernardo Carriedo Saenz

ir arriba