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Revista Mire, explicación personal

por  Luis Miguel Carriedo
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Pollo y Echeverría. Sentimientos encontrados. Pollo y Echeverría. Sentimientos encontrados. Archivo Mire

En 1991 falleció mi abuelo, Miguel Carriedo Mingo. Era periodista igual que yo, pero nunca pudimos platicar de eso y para ser honesto, su recuerdo no fue lo que determinó, cuando menos de forma consciente, mi desarrollo profesional en este oficio que García Márquez califica como el mejor del mundo.

Miguel para mí era simplemente “el pelón”, mi abuela en consecuencia era (es) “la pelona” y poco antes de que él muriera los nietos le decíamos también, con cariño, “el abuelo Pollo”, por su cuello colgante ya bastante arrugado. Se fue cuando yo apenas tenía 12 años.

 

Casi toda su vida la dedicó al periodismo. Fundó la revista Mire en 1956, pero antes cubrió varias fuentes, en tiempos de libreta, corbata, cantina, peluquería rigurosa, café la Habana y loción añeja Lavanda. Ahora que me entusiasma conocer su trabajo, supe que como reportero fingió estar herido en 1940 y así logró entrar a la Cruz Verde para confirmar que Trotsky había muerto, que su hermano mayor, Prisciliano Carriedo Mingo (mi tío abuelo), también fue periodista y falleció en 1953, en el mismo accidente aéreo que terminó con la vida Carlos Septién García, cuando un grupo de reporteros viajaban a cubrir los trabajos de la presa Falcón en el norte del país.

Ya clavado en seguir la pista genealógica, me encontré con algunas versiones del diario de los debates en la biblioteca virtual de la Cámara de diputados y ahí se registra que el papá de Pollo, Prisciliano Carriedo Méndez, fue diputado en 1920.

Uno pocas veces investiga periodísticamente su propia historia. El regreso de la revista Mire, ha sido un buen pretexto para hacerlo, por eso escribo esta primer colaboración dando el contexto que es al mismo tiempo la razón por la que estaré alimentando esta página regularmente.

 

Entre Clark Kent y Trotsky

Las oficinas de Mire tuvieron sede en Bucareli durante los años sesenta. Cuando yo las conocí -dos décadas más tarde- estaban en colonia Nápoles de la Ciudad de México, en la azotea de la casa de mis abuelos, frente a lo que ahora es el World Trade Center. No era fácil entrar porque casi siempre había doble llave en “el despacho” de Pollo los domingos por la mañana, pero me las ingeniaba sólo, con mi hermano o con mis primos igual que él en la Cruz Verde de los 40.  Mis entradas furtivas a las oficinas (la) de revista no buscaban una exclusiva sobre Trotsky, sólo las motivaba el gusto hacia su piso de madera que rechinaba y subirme de vez en cuando en el asiento de piel que apuntaba a una máquina de escribir Olivetti. Con desparpajo la tecleaba de vez en vez, jugando a ser mecanógrafo experto y dejando tinta en el rodillo sin hojas.

En realidad los únicos reporteros que creía conocer entonces, cuando cumplí seis, eran Clark Kent y Peter Parker, el periodismo político no era tema relevante en mi ánimo infantil, y aunque en casa de Pollo siempre había diarios, muchos, en fila y encima de otro escritorio que estaba en la recámara principal, el único que me importaba era Excélsior (sólo el dominical), porque seguro encontraba comics de Tarzán, Popeye o Tom y Jerry. A mediados de los 80 el periódico ya no tenía las plumas históricas que acompañaron a Julio Scherer antes de su destitución como director, promovida desde el gobierno de Luis Echeverría en 1976. La nueva dirección, a cargo de Regino Díaz Redondo, adulaba al régimen a la menor provocación, pero eso sí, hay que reconocerlo, eran fabulosas las historietas que aparecían con puntualidad cada fin de semana. Lo que yo leía.

Otros tiempos. El periodismo de aquellos años, hacía natural que incluso Scherer hubiera dedicado elogios al presidente Echeverría en varias editoriales, que no eran tributo suficiente cuando había alguna crítica, porque eso no se toleraba, se despreciaba o equiparaba a una suerte de tentativa de traición a la patria y a la revolución mexicana, a la institucionalidad.

Lo que hoy estorba a los editores (no a todos) por el espacio siempre reducido en los diarios son expresiones como “don”, “el señor licenciado ciudadano presidente de la república”, o “ante un apabullante aplauso de los asistentes al mitin”, era común en los medios hace dos o tres décadas. Ni siquiera los contenidos críticos reparaban en los excesos de calificativos y en la cultura conservadora que raya en lo intolerante al descalificar (con expresiones que hoy son políticamente incorrectas)  a los hijos de madres solteras, por ejemplo en el número uno de la revista proceso se repite una y otra vez que un funcionario tiene “ambición bastarda”.

La revista de Pollo también le entraba a eso del “don” y de “el licenciado”, no a lo de la “ambición bastarda”. Ni modo, quizá la revista Mire dedicó cabezas y planas a elogios que no me gustan, pero también fue crítica en tiempos difíciles para serlo.

Debo decir que mi abuelo periodista me acercó sin querer a la revista Proceso. No me interesaban los artículos o reportajes del semanario, ni aquellas frases de “la ambición bastarda”, lo que le ganaba a las historietas de Excélisor era la última página que hacía el gran Fontanarrosa dando vida a Boogie el Aceitoso en el semanario político que sigue siendo el más importante del país.

Pollo era ideático, iba a la misma peluquería, al mismo dentista y al mismo puesto de pambazos en el mercado como si se tratara de una manda irrenunciable. Y su dentista, de los rumbos de Santa Ana y canal de Miramontes, fue la puerta por la que me volví coleccionista de la revista Proceso.

Me topé con Boogie porque mi hermano y yo teníamos que esperar más de 3 horas, entre que le tocaba el turno a mi papá y lo atendía el doctor. “Es lento pero muy bueno”, nos decía mi papá, “es el del Julio” (así le decía él a Pollo). No sé si era bueno o no el doctor (sólo me limpió los dientes una vez muy pequeño), lo que sí era bueno es que tenía cientos de revistas en su sala de espera (congruente con su lentitud)  y que me permitió llevarme, varias veces, algunos números atrasados de Proceso con el inigualable Boogie.

De la revista Mire, la de mi abuelo Pollo, sólo guardo copia del número 394, donde se dedica la portada a dar cuenta de su muerte. Me dan sentimientos encontrados al verlo en fotos estrechando la mano de Díaz Ordáz y recordando la historia de mi papá escondido en un departamento del edificio Chihuahua la noche de Tlatelolco, pero para mí seguirá siendo lo que fue, sólo "abuelo pollo".

Hace unos años busqué registros de espionaje a sus actividades. Conseguí un reporte de la Dirección Federal de Seguridad de 1983, en donde se informa a la Secretaría de Gobernación que Pollo, junto con otros pasajeros ha salido a Cuba. No he encontrado más, pero sigo buscando y estaré publicando aquí los resultados.

A Pollo (repito tantas veces su apodo como aquello de “la ambición bastarda” se repetía en el número uno de Proceso) lo recuerdo con gran cariño pero también tristeza por la imposibilidad que tuve de despedirme. La noticia de su muerte llegó en carretera, en 1991, con mi papá y mi tío Héctor. Mi viejo me lo dijo serio, controlado. Nunca lo había visto llorar (lo más cerca que había estado fue en una derrota del Atlante) y no lo hizo aquella noche tampoco. Yo, niño al fin, lloraba como pidiéndole que lo hiciera conmigo. Pollo se había ido con su dentista, sus pambazos, su bigote con tinte, su pato nocturno y su paciencia con los nietos que le convertíamos en espadas sus periódicos del día pensando que eran viejos (éramos considerados, previamente habíamos checado la fecha en uno de los diarios y como era la del día, seguro los otros eran los viejos).

Hay anécdotas que me emocionan, y matizan esos encabezados con halagos. Por ejemplo, un exabrupto de Pollo, cortó el subsidio que le llegaba desde la Secretaría de Gobernación a la revista (no cambia mucho esa tradición pero hoy es hipócrita). En 1968 presenció desde el despacho de Mire en Bucareli, como granaderos se excedían y repartían golpes indiscriminados contra estudiantes. Pollo abrió la ventana y les gritó “¡salvajes!”, “¡asesinos!”. Pese a su “amistad” con  el gobierno, el castigo a sus gritos llegaron de inmediato. Adiós al papel y al subsidio, pero la revista siguió adelante.

Hoy tengo la oportunidad de colaborar en Mire y leer, escribir y buscar más de la faceta de Miguel Carriedo el periodista, que sigue siendo "Pollo".

Esta es una versión electrónica de lo que fue su publicación impresa en 1956 y creo que escribir aquí, es una oportunidad para despedirme mejor del Miguel Carriedo que me heredó el nombre

 

9 comentarios

  • Enlace comentario Ramsés Ancira Lunes, 22 de Agosto de 2011 20:32 Publicado por Ramsés Ancira

    Felicidades. Me acuerdo de Mira, de Granados Chapa.
    Sobre Scherer y LEA, te gustará conocer esto http://www.youtube.com/watch?v=-bhdanChxaE

  • Enlace comentario Héctor Fierro Sábado, 20 de Agosto de 2011 12:55 Publicado por Héctor Fierro

    Conmovedor artículo. Un fuerte abrazo, amigo...

  • Enlace comentario Aurora Z Viernes, 19 de Agosto de 2011 17:03 Publicado por Aurora Z

    Felicidades Luismi, padrísima tu colaboración...no puedes negar la cruz de tu parroquia...abrazo!!

  • Enlace comentario Gaby Sánchez Viernes, 19 de Agosto de 2011 16:20 Publicado por Gaby Sánchez

    Me ha encantado la nota, evidentemente no conoci a tu abuelo, pero te conozco a ti y sin duda alguna debe sentirse orgulloso de su nieto. Espero seguir leyendote hasta el día que tus propios nietos hagan cronicas sobre ti. Saludos

  • Enlace comentario Isabel Viernes, 19 de Agosto de 2011 16:17 Publicado por Isabel

    Me encanta recordar!!!!! aunque era mas chica pienso que la memoria de Pollo es la mejor herencia que nos dejo!!!! Un saludos a todo y a seguir con el proyecto

  • Enlace comentario Hector Viernes, 19 de Agosto de 2011 10:33 Publicado por Hector

    Muy bien Luis
    Me hiciste recordar las espadas de periódico y las visitas al despacho del abuelo, también todas sus manías exóticas con la comida y sus ocurrencias.

  • Enlace comentario Hector Viernes, 19 de Agosto de 2011 10:33 Publicado por Hector

    Muy bien Luis
    Me hiciste recordar las espadas de periódico y las visitas al despacho del abuelo, también todas sus manías exóticas con la comida y sus ocurrencias.

  • Enlace comentario Primavera Téllez Girón García Jueves, 18 de Agosto de 2011 23:38 Publicado por Primavera Téllez Girón García

    Una crónica excelente por sus detalles llenos de historia familiar, recuerdos de niñez, amor, política y periodismo, ¡Muchas felicidades! me hizo recordar cuando yo también leía a Boogie el aceitoso en el dentista de mi papá, que no estaba en Miramontes, pero curioso, ahora yo vivo muy cerca de esa avenida.

  • Enlace comentario lalonader Jueves, 18 de Agosto de 2011 20:50 Publicado por lalonader

    Mil gracias por esta nota, que ciertamente nos contextualiza en lo que la revista Mire fue y es.

    Felicito el esfuerzo de la familia Carriedo y hago votos por que la versión electrónica de la gran obra de "Pollo" perdure por muchas generaciones mas.

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