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Mire en la Historia

Mire en la Historia (9)

La Libertad de Prensa, un Derecho y una Conquista.

Ediorial de la revista Mire publicada en junio de 1956, a propósito de día de la libertad de prensa.

México, que ha sido el adelantado de tantas fórmulas e instauraciones de carácter social primario- la más profunda de las revoluciones- en el mundo democrático, lo ha sido también del Día de la Libertad de Prensa, que nació como acontecimiento en 1951,como celebración nacional en 1952 y como acuerdo de la Sociedad Interamericana de Prensa en 1953.

Desde entonces-ayer, como quien dice-, los postulados de la libre expresión en las funciones informativas y orientadoras de las paginas periódicas, fruto predilecto de las democracias al mismo tiempo que su mejor signo, han sido enaltecidos conjuntamente por quienes a esta delicada misión se entregan y por quienes la respaldan y defienden desde las alturas del poder, que eran antiguamente las más obstinadas en poner cortapisas a la realidad de un derecho teóricamente indiscutido.

Esta feliz conjunción, que entre nosotros no sufre los penosos opacamientos que en otras partes del Continente se lamentan, ha cristalizado en mancomunadas declaraciones que, como las del día 7 del presente en la amistosa reunión de las más altas autoridades del país y los más significados representantes del periodismo nacional en todas sus esferas, han reiterado con categórica precisión la correlatividad de derechos y obligaciones en ambas zonas de influencia sobre la opinión pública.

Al derecho de libertad de prensa corresponde la obligación de respetarle por parte de la obligación de respetarle por parte de quienes tienen en su mano los resortes del poder; y al derecho de éste, para llevar adelante su misión por encima de toda clase de anarquías, responde la obligación de la prensa de respetar “la vida privada, la moral y la paz pública”, tal como lo indicó el Primer Mandatario de la Nación en las palabras que pronunciara durante el acto.

Conservar esta correlatividad no es, ni ha sido nunca, resultado de ordenaciones previas ni de mutuas capitulaciones o códigos especiales; sino de un ambiente formado por la ciencia profesional, por una parte, y por “conciencia del poder “, por otra; respondiendo ambas a la conciencia del público, que no dicta o no debe dictar los coloridos, pero que el señor a quien se sirve en el ejercicio de tan notables menesteres.

Todas las frases que en estas ocasiones salen de los labios de quienes representan unos y otros intereses, en el mejor sentido del vocablo, son expresión, todo lo fuerte y acertada que la mutua confianza permite, de este ambiente que, cuando se pierde, es muy difícil de restaurar en su justa graduación, y cuando tiene, suple con ventaja a todos los cánones preestablecidos y a toda enumeración de responsabilidades.

Un ambiente sano ahoga en su eflorescencia de los viciosos crecimientos de la insidia, la mala fe, la inmoralidad y el amarillismo, que deturpan las funciones de la prensa en su estable cometido.

Y el vigor de estos sanos ambientes es lo que, en la profusión sin paralelo de nuestras publicaciones, se celebra, al par que se trata de fomentar, para que la misma abundancia de órganos informativos y, sobre todo, originadores, no degenere en vulgaridad, menos valía y menor aprecio de este elevadísimo mercado de letras y de ideas, que a medida que engrosa la lista de las presentaciones tiene mayor obligación de cuidar la calidad y la pureza de sus mensajes.

 

 

 

 

Viernes, 06 de Enero de 2012 13:42

Editorial No. 7. julio de 1956.

por Bernardo Carriedo Saenz

La Validez de los Moldes Revolucionarios


En una de nuestras ediciones anteriores, a propósito de un momento en que parecía que las aguas políticas comenzaban a revolverse con esos círculos característicos de las marejadas preelectorales-que entre nosotros, y en todos los pueblos son más importantes que las mismas electorales-, afirmábamos que el llamado Partido Unico- único porque los oposicionistas se salen de los marcos revolucionarios, por exceso o por defecto, y además porque así fue su positiva fundación, con una especie de monopolio que hoy le quieren discutir- se ha desgastado en una lid muy meritoria- luchar sin enemigos grandes en una mala coyuntura- pero no se ha invalidado, como quieren aquellos que juzgan necesario el establecimiento de otro partido revolucionario, en calidad de heredero; nuevo partido que, por no ser propiamente un adversario- suponemos que no se trata de sembrar confusionismos en los ideales de la Revolución-,no tendría una función propiamente vigorizante, sino tan sólo de atracción por el cambio, algo así como una renovación de cuadros en el interés del público que asiste a un espectáculo.

Esto, o es una concepción de pobreza institucional o es una disimulada confesión del fracaso de uno de tantos moldes democráticos como pudo haber tomado la Revolución Mexicana, a medida que sus destinos cayeran en una u otra mentalidad, en una u otras manos.

Nadie pone en duda que, cumplida su misión, es necesario superar, democráticamente hablando, la mentalidad y las manos del creador del Partido Oficial, entonces llamado Partido Nacional Revolucionario, Lo que entonces, en la mentalidad y en las manos de Plutarco Elías Calles, pudo ser conveniente para evitar la anarquía política a que se prestaba el momento- y

Calles era la típica expresión del monolito-, hoy es insuficiente y se ha vuelto perjudicial, al desarrollarse a su sombra la malicia y la incredulidad de las masas, que han extendido a todo lo que lleva el denominador de político el gesto de desconfianza, y más aún, de la seguridad de malos manejos.

Mientras no se venza esta crisis, al igual que se restaura el crédito de un establecimiento, ni partidos oficiales ni partidos oposicionistas- pese a su malévola satisfacción-,podrán cumplir nunca su cometido. Si no queremos que la Revolución sea vista como un juguete de hombre o un monopolio de políticos, es preciso, ni quien lo dude, abrir nuevos rumbos dentro de los mismos ideales y también de los mismos moldes; de tal surte que no es una liquidación lo que hay que hacer, sino una ampliación de los muy estrechos- y monolíticos- causes que dieron origen al actual organismo.

En esta ampliación puede surgir otro partido, u otros varios, siempre auténticos: pero nunca formados exprofeso y como táctica, sino brotando naturalmente de la misma fecundidad de una idea y de una gesta que asombró al mundo. Y es aquí el momento de decir que, aunque el pueblo ha perdido gran parte de su fe en los revolucionarios, no la ha perdido en la Revolución que comenzó a hacerse en 1910 y que se ha sostenido, aún cambiando lógicamente de procesos, sobre lo que se ha conseguido y lo que se ha frustrado.

Dos aspectos son los que integran el fondo y forma de Partidos Revolucionarios, tanto del único hoy existente, como de los que pudieran brotar, sin forzamiento alguno: al aspecto político y el aspecto económico, teniendo los dos como resultante la conformación social.

La Validez de los Moldes Revolucionarios

En los dos han surgido divergencias, que casi han llegado a partidos, provocadas, no por degeneración e las líneas revolucionarias, sino por la prevalencia de unos programas a costa de otros: los del populismo a costa de las institucionales y viceversa; los de los factores de la producción económica a costa de la distribución y viceversa también.

Trasladando las cuestiones de forma, que tienen valor adjetivo, a las substantivas de fondo, es decir, las conformaciones y denominaciones políticas a los problemas mismos, políticos y económicos, el caso adquiere mayor claridad, mayor lucidez y también mayor interés para las masas que han trascendido nombres, episodios y calificaciones.

Es muy posible que aquí esté el resorte de la vigorización de la política y, concretamente del Partido Revolucionario que hoy la domina.

Contra la caducidad de las plataformas personales, es preciso enfatizar y reforzar la de programas realistas, desde las grandes trayectorias nacionales hasta los detalles mínimos de la administración del gobierno: desde las cifras grandes-tan florecientes-hasta las cifras pequeñas-tal olvidadas-.

Frente al esforzamiento indudable de las jornadas electorales que, aún siendo la clave jurídica de nuestro democrático sistema, no son la misma expresión más viva al sentir colectivo-ni tal vez hoy deba serlo, pues el temido riesgo de un resultado desfavorable sería tan insubstancial como la seguridad que hasta ahora se ha tenido en ellas-, bien se puede instaurar una fluidez que hace tiempo está de discurrir por cauces substantivos, apantallados- como es vulgar decir-

por los personajes.

No es pequeña la tarea ni fácil el cometido. Las fuerzas políticas se encuentran en más de una encrucijada y se neutralizan en más de una de esas alternativas contemporáneas, las que unas veces nos hacen aparecer como elementos retardatarios y otras como elementos disolventes. Achaque es éste de los tiempos y, para vencerlo, será preciso ir sorteando los extremismos, aunque lleven denominaciones turnantes en la política nacional; hasta que ellos mismos se disuelvan, no sólo en el escenario del país, sino en el escenario del mundo.

A su vez, los programas económicos también se devoran uno a otros, cayendo en la simpleza de antagonismos que han sido muy notorios en los diversos regímenes en los últimos lustros. No han sido, sin embargo en vano; porque después el reparto, se apreció la necesidad de la producción; y creciendo ésta se sintió mejor la necesidad del primero; llegando a la conclusión de una armonía- difícil, pero no imposible - en la cual estamos dando los primeros pasos.

Muy curioso es que para esta empresa, en la que situamos el vigor político, no se cuente ya con figuras que fueron muy señaladas en los escenarios que todavía se pueden llamar recientes. No es éste el problema fundamental; pero llaman la atención tantos “retiros”, cuando lo clásico en la política de todos los pueblos es la continuación de los nombres al pie de los programas, siendo excepción los casos de voluntarios opacamientos.

Si la política fuera un negocio, se explicaría el hecho, porque todos los negocios tienen su finiquito; pero siendo una función- nosotros pensamos en derecho, o porque así es, o porque así debe ser-, las prudentes retiradas tienen algo de claudicación y abandono de una causa, en la que se puede bajar de jerarquía, pero no de tono.

Así fraguamos crisis artificiales de hombres, que no han sido las menos perjudiciales ni el arma más pequeña de los domésticos enemigos.

 

 

Domingo, 25 de Diciembre de 2011 13:12

Mire en la trinchera de México No. 4

por Bernardo Carriedo Saenz

Los principios de México en Santo Domingo

Cuando la Tercera Reunión del Consejo Consultivo Interamericano de Jurisconsultos, celebrada en nuestra capital durante las últimas semanas del pasado mes de enero y primeros de febrero, se presentó a votación el proyecto que fue aprobado con el título de “Principios de México sobre el Régimen Jurídico del Mar”, las abstenciones y el voto en contra, de los Estados Unidos, implicaron una especie de apelación a la Conferencia Especializada, que se había de celebrar en Santo Domingo, conforme a la resolución formada en la Interamericana de Caracas, del año 1954.

Con ello se daba a entender que la competencia sobre las cuestiones jurisdiccionales de la superficie del mar, de la masa líquida y de la plataforma continental, podían recibir en la reunión de México el asesoramiento oficial del organismo más llamado a prestarle, pero no una solución ni un acuerdo definitivos, que estaban reservados a la Junta Especializada.

En efecto, esta cuestión ha caminado de mesa en mesa, desde 1950, cuando la primera reunión del Consejo Consultivo, en Río de Janeiro, despertó el tema y le encomendó al Comité Jurídico Interamericano-organismo también  adjunto a la Organización de Estados Americanos, el que se elaboró un proyecto de Convención, que en 1952 fue considerado todavía poco maduro. De aquí precisamente nació sin duda por la importancia y delicadeza del tema, la idea de la Conferencia Especializada, sin que ello fuera obstáculo para que, como preliminar de discusiones y acuerdos, entrara a formar parte del programa de estudio de la reunión de Jurisconsultos.

Es de notar que lo que puede llamarse, con toda razón, el derecho americano se ha venido elaborando en un ambiente característico de armonía, en aras del cual las más importantes controversias han perdido siempre su actitud y hasta han sacrificado sus parcialidades temáticas, buscando fórmulas transacionales, cuando éstas son posibles, y hasta dejando en pie los mismos problemas, cuando no los son. Esta tradición, que había de tomarse muy en cuenta en la mayor libertad propia de una junta asesora, como fue la de México, resaltaría aún más en la más autorizada, en un punto a decisiones, de Santo Domingo. Y la verdad no ha sido otra más que esa.

Desde México, y más aún, desde el lejano Río de Janeiro, se comprendió por todos que aún estamos muy lejos de llegar a los términos de una resolución acorde, que sea el principio y la entrada de la respectiva legislación continental. Una gran mayoría de países americanos optan decididamente por considerar anticuada y sin valor alguno la regla de las tres millas de superficie marina, como ámbito jurisdiccional; diferenciándose notablemente en los límites de ampliación, desde las doscientas que señalaban los países sudamericanos del Pacífico, con Costa Rica y El Salvador, hasta la dilatación de la plataforma continental, por la que abogaron, que con abundancia de razones por demás convincentes, nuestros jurisconsultos.

Este punto de vista- el de los nuestros-ahondó más en el problema y le trasladó de las rizadas superficies azules a las riquezas, tanto animales, como vegetales y minerales, que hay  en la masa y en el “fondo jurisdiccional” de los mares ribereños. La plataforma de tierra firme, que va descendiendo entre las aguas, ya en corte abrupto, ya en praderías más dilatadas, guarda muchos secretos y muchos tesoros, que a la mano del hombre, cuando le es necesario, no le es difícil arrancar.

Precisamente en estos terrenos es donde están las formaciones geológicas más propicias a los mantos petrolíferos y sobre superficies acuosas es donde se levantan las más ambiciosas torres del oro negro.

De aquí, las proyecciones económicas de la cuestión en debate, tan importantes como las de la misma soberanía –derecho en pugna, mientras se pule, con el derecho de la libertad de los mares- y que exigen la ampliación de jurisdicciones más imperiosamente aunque el orden del tráfico marítimo y el respeto que se debe a los pabellones nacionales. Si ésta última consideración , traducida en precauciones de defensa tomadas en momento de peligro – casos de guerra- hizo espléndida y casi sin límites- trescientas millas-la institución de los mares territoriales americanos; la consideración de una innegable belicosidad económica fue juzgada como muy oportuna para juzgar jurisdicciones más extensas, desde cualquier ángulo que se las prefijara, ya fuera extensión territorial- que es el más obvio, indicado y también el más difícil- ya fuera algún otro punto de referencia de los muchos que tiene una circunscripción económica sometida a una fórmula de derecho.

Y la más extensa jurisdicción, sin llegar a ser un acuerdo, quedó sin embargo en el tapete  como libertad opcional y prudente de cada uno de los países. Esto es, indudablemente, una solución tan solo negativa, que no puede ser la última. Como se expresaron en México  los delegados de Panamá y del Brasil, a la hora de la mencionada votación, la fijación de los mares territoriales no puede quedar definitivamente a merced de señalamientos propios e individuales, sino que debe entrar en un acuerdo colectivo, de positivos relieves, que impida la colisión de derechos y la concurrencia simultánea de jurisdicciones en un mismo lugar: la jurisdicción que dimana de la libertad de los mares.

Pero entretanto que esta urgencia presiona en el sentido favorable, por una parte a lo que llamaríamos “hinterlands” marítimos, y por otra a la decisión de la mayoría de los Estados Americanos- una mayoría que suponemos que ya tiene personalidad-, los mismos términos de la cuestión, expuestos en forma conclusiva en los “Principios de México”, son un avance muy notable, al mismo tiempo que la fuente de un derecho provisional, así sea éste insostenible. Es decir, que hoy están en su derecho quienes contemplan como suyo aquello que la plataforma continental sostiene y guarda, de la misma forma que también creen no ser piratas los que operan más allá del estricto límite de las tres millas.

A más no se pudo llegar, ni en México, ni es Santo Domingo. Los estudios y conclusiones de carácter técnico, a que se llegó con gran competencia en la Junta de esta última ciudad, han facilitado más el camino para llegar al acuerdo que no se esperaba: el mar costanero tiene todas las características que distinguen a los sujetos jurisdiccionales, sin faltarle de la propia limitación de sus recursos en medio de su grande y apetecible abundancia.

De nuevo se reiteraron las exposiciones y argumentos que tanto éxito obtuvieron en la jurídica reunión. No se puede decir de ella que le faltasen facultades, como se podía decir de la Junta de México. Lo que sí se puede decir, siempre en aras de la precitada armonía continental, es que su indecisión y su falta de resoluciones positivas corre parejas con la vaguedad de la convocatoria de 1954, donde se hablaba de “estudiar en conjunto los distintos aspectos del régimen jurídico y económico de la plataforma submarina, de las aguas del mar, y de sus riquezas naturales, a la luz de los conocimientos científicos actuales”.

Y si en la convocatoria no hubo más categórica precisión, no era de esperarse que la hubiera en los acuerdos finales. Pero los “Principios de México”, insertados en las actas, han dejado a lo largo de nuestras costas la afirmación de un derecho, que no por carecer de la correlativa obligación por parte de los demás, deja de der respetable Jurídicamente esto es muy difícil de entender: pero así han sido muchos procesos de formación, en los que interviene conjuntamente la política y la economía, que son el fondo enmarcado por la fuerza de las disposiciones legales.

En nuestro Continente ni las antinomias jurídicas provocan situaciones desesperadas.

La prueba de Santo Domingo, cediendo los más ante los menos, no puede ser más elocuente. Y es de creer que éste sea un reciproco trato.

Domingo, 25 de Diciembre de 2011 13:08

Mire en la Trinchera de México No. 5

por Bernardo Carriedo Saenz

La Tónica de Acapulco - 16 de mayo de 1956.

La vigésima segunda Convención Bancaria, celebrada en el puerto de Acapulco en la postrer decena del mes pasado, ha sido una oportunísima recopilación de datos y exposición de principios, tanto a cargo de los representantes oficiales, como de los factores de la iniciativa privada, bancarios, industriales y comerciales. Porque aunque estas Juntas sean específicamente de los sectores financieros, concentran ya los puntos de vista de todos los intereses económicos del país; en lo que, radica, creciendo cada año, la importancia de las mismas.

El informe más completo, rendido por la Secretaría de Hacienda, abarca las cifras del pasado año y las del primer trimestre del presidente: haciendo notar, con el peso sereno de los números, los avances que hemos logrado desde aquel punto de partida que puede concretarse en el momento más depresivo de los últimos años, coincidiendo con la diversa cotización de nuestra moneda. De entonces acá-dos años- las cifras han subido mucho, siendo la primera de ellas la del monto de la producción nacional, que fue de ochenta y cuatro millones de pesos durante el pasado año, promete elevarse acerca de cien mil millones. Este es el dato más genérico, pero es también el primero en importancia para medir nuestro desarrollo y la proporción de las economías privadas y de la economía fiscal.

En efecto, si durante el pasado año, los ingresos fiscales no alcanzaron a requerir un diez por ciento de todo el esfuerzo nacional puesto en números, durante este año la proporción será todavía menor; lo que, globalmente considerado, es un dato muy satisfactorio, porque revela que los intereses públicos no medran por el facilísimo y socorrido expediente de las mayores tributaciones, sino por el incremento real de la producción y del consumo, con todos sus procesos intermedios, por la planeación de programas y por la depuración administrativa.

Siguen, e importancia, los índices de nuestra balanza, tanto comercial como la de pagos, que han sido francamente favorables; la primera, con aumento de exportaciones sobre importaciones, y la segunda con una mayor cantidad de oro y divisas extranjeras en nuestros depósitos oficiales.

Esto dio lugar a una serie de problemas- los problemas de la relativa abundancia y de las cifras grandes-, que merecieron una disertación especial del Director del Banco de México, en defensa de las medidas adoptadas para evitar la inflación, por un lado, y no disminuir las corrientes del crédito, por otro.

Tal fue uno de los más interesantes puntos de confluencia de la acción oficial y de la iniciativa privada, que en Acapulco, como  a través de todas las declaraciones que en cualquier circunstancia se han hecho sobre este discutido tema, fue tratado con la prudencia y moderados tonos que convienen a los principios de nuestro desarrollo. Las voces de la banca, de la industria y del comercio, no fueron parcas en señalar las reformas que, a juicio suyo, es menester ir paulatinamente haciendo, para que, sin detrimento de los objetivos de bien público que el Estado siempre contempla, las aguas vuelvan a sus verdaderos cauces, muy lejos de toda competencia mutua del Estado y de las empresas privadas. Donde el Banco de México ha puesto restricciones anti-inflacionistas, la banca privada cree que ha sido sacrificada en su desenvolvimiento y, por ende, en sus utilidades. Donde ha sido el Gobierno el que ha abierto los caminos de las funciones sociales del capital, fundando empresas que sin márgenes utilitarios, más aún con subsidios oficiales, han contemplado y siguen contemplando el bien de las grandes masas;  la iniciativa privada reclama ya estas atribuciones, dando con ello a entender que la lección ha sido aprendida y que está dispuesta a poner en práctica sus propios procedimientos con un sentido muy diverso del que hasta ahora ha tenido. No se dijeron así las cosas en Acapulco, pero es fácil entenderlas; porque de otra suerte, querer disputar al Estado, en virtud de lo que llamaríamos lo más depurada ortodoxia económica, el manejo de empresas que fomentan la producción, los precios, la distribución y los créditos, sería volver al más acusado feudalismo, con incalculables trastornos para todos. Porque saben muy bien los banqueros, como lo sabe todo el mundo, que las funciones sociales del dinero y de las instituciones que giran en torno de él, ya no se puede prescindir.

Las observaciones, por consiguiente, que la banca privada hizo a este propósito en la pasada Convención, no pueden interpretarse  más que como una saludable posesión  de du papel en las esferas de la economía general, llegando hasta las aplicaciones más detalladas, como el problema de la vivienda que ampliamente fue tratado en todos sus aspectos por el Director del Banco Nacional Hipotecario y de Obras Públicas. No dejó de llamar la atención lo concreto de este tema en una reunión bancaria. Partió de un organismo oficial; pero iba sin duda enderezando a despertar el interés privado por una de las más importantes obras de finalidad social.

Los banqueros han notado que el Gobierno pierde en la mayor parte  de sus operaciones, con el obligado y correspondiente cargo al presupuesto. No es que esto sea muy caro para el bienestar social que con ello se compra; si no que la iniciativa privada ya cree estar en disposiciones de absorber estos cometidos, tanto en sus aspecto financiero- que para el caso fuera lo menos importante- como en su aspecto social.

De aquí la importancia que tuviera la representación de todos los sectores económicos, y no solo de los bancarios.

El transito, si es que ha de hacerse, necesitará antes, sin duda alguna, un espacio de prueba, durante el cual subsistirá “la coexistencia de la empresa pública y de la privada”, de que hablara el licenciado Carrillo Flores.

En el terreno de los hechos, y con vistas a las grandes  mayorías, es donde la banca, la industria y el comercio acreditaran la suficiencia económica y moral, llevándoles a ser naturales y legítimos  sucesores del Estado en la misión de empresa.

No serán pocos quienes opinen que esto es un ideal muy lejano; pero a la tónica de Acapulco hay que juzgarla, ante c

Viernes, 09 de Diciembre de 2011 16:23

Los umbrales del futurismo

por Bernardo Carriedo Saenz

EDITORIAL DE MIRE  No. 14 Marzo de 1957.

El caso del pueblo de México  no es si acepta o no acepta  la Revolución que se hizo y que se está consolidando  institucionalmente; sino continuar en los cauces más apropiados para dar una efectividad social  a una revolución inobjetable.

Dentro de esto, puede haber controversias, puede haber partidos, puede haber diversos puntos capitulares de un programa y puede haber también personalísimos que hagan doctrina y formen escuela, porque tal es la forma acostumbrada entre los hombres de llevar los problemas y poner en práctica las soluciones. Contemplamos aquí un mayor desarrollo de la democracia mexicana, que ha de venir por el procedimiento natural de los valores sobresalientes y el mutuo contraste de los mismos, lo que nos separara siempre de las dictaduras de clase o partido, que son tan nocivas como las dictaduras personales.

Con todo y la importancia que este factor tiene, no es el que más preocupa al pueblo de México, sino que hay otro que, por razones biológicas-también los pueblos tiene su biología le antecede: el factor económico. Así como hay etapas en la que la política es el eje del dinamismo de un pueblo, hay otras en las que la economía absorbe todos los puntos de vista, no para sacrificarles- las jaulas de oro no son ningún ideal -, sino para darles la necesaria consistencia –las caras flácidas no son los ciudadanos perfectos -. En esta última está el pueblo de México; de tal suerte que el primero de los postulados de la conciencia ciudadana es el proseguimiento de los planes económicos  que han caracterizado a los últimos regímenes, muy por encima de la pasión turnante que se complace  en levantar nuevas concepciones sobre terrenos recién estrenados. No es que la economía no sea algo discutible, sino que las experiencias económicas, al menos en sus trazos más amplios y generales, son un compromiso que se adquiere sobre el cuerpo vivo de la nación, y con la mirada puesta, no es la cantidad de los esfuerzos, sino en la necesidad de los mismos y el superior empeño  de sacar adelante  una causa colectiva. es cierto que los actuales planes económicos  imponen sacrificios, al mismo tiempo que ya están rindiendo prosperidad; es cierto que la exoneración de estos sacrificios y el regadío de los bienes patrimoniales, rompiendo moldes, ha sido siempre una bandera muy llamativa, tanto para los de arriba como para los de abajo, según se quiera presentar; es cierto también que esto sería una claudicación en los empeños que van por tan buen camino, un ilusionismo de falsa prosperidad y una de esas hipotecas de la libertad de un pueblo, que con frecuencia se establecen en nombre de la misma libertad. No discutimos sistemas: únicamente queremos arrancar todo aspecto demagógico a los problemas económicos de México.

Tanto para cometidos de carácter político, como para los de carácter económico, se necesita una personalidad vigorosa, no para imponerse al ambiente- que estas imposiciones siempre han sido extrañas a nuestra idiosincrasia-sino para recogerle en toda su integridad y aplicarle, con la bondad natural que él tiene, tanto a los problemas internos del país, como a los problemas internacionales en los que México goza de una autoridad muy respetable.

Porque esta es la ventaja que tienen nuestros medios sociales económicos y políticos- esto último en el más popular de los sentidos-: que no se necesita rectificarles, como allí donde las tiranías lo han deformado; sino recogerlos con criterio sereno y utilizarlos con buena intención.

 

Martes, 06 de Diciembre de 2011 17:48

Mire en la Trinchera de México No. 3

por Bernardo Carriedo Saenz

 

Editorial Número 3, 1956

Las Próximas Jornadas Estatales

En el curso del año que comienza una docena de entidades federativas eligen a su nuevo mandatario. Este hecho, que en cualquiera de ellas reviste primera importancia de carácter institucional, en un grupo tan numeroso alcanza proyecciones que ya se están comentando en todos los círculos políticos, lo mismo en los de política  de campanario, que en los de la política grande que corre  de Suchiate al, Bravo  de Sonora a Yucatán.

Efectivamente, nuestra Patria está hoy conformada de tal suerte que la claridad y el acierto en los destinos de los Estados es la misma claridad y acierto en los destinos de la Nación.

Ni la soberanía de los primeros, ni el concepto integral de la segunda, se oponen a esta armonía, a menos que se lleven los alardes a un terreno de antagonismo que, más que una prueba de fortaleza, sería un síntoma de anarquía. Siempre se han parecido mucho estas dos cosas, la fortaleza y la anarquía; pero en realidad, es lo más antiético que puede existir.

Dada la homogeneidad de funciones, que dejamos señaladas, las jornadas electorales para los Gobiernos de los Estados, que ya se avecinan, deben realizarse dentro de los marcos escogidos para la realidad pública nacional. Ni el fondo, ni en la forma, la República está seccionada. Y precisamente esto, que es biológico requerimiento, es lo que se presenta a los acostumbrados comentarios sobre deficiencias, del sistema electoral, sobre imposiciones, sobre candidatos únicos y sobre obliteración de la auténtica y genuina voluntad popular.

Quienes así piensan  y dicen, apoyándose en los legítimos movimientos de un partido- el inexactamente llamado partido oficial-que casi siempre ha estado solo en la brecha-de lo cual él no tiene la culpa-,quisieran que sus minorías gritaran más que las mayorías y, para ello, que los organismos centrales del partido de la Revolución no ejercieran ninguna influencia sobre la masa del pueblo  que milita en sus filas; es decir, que desaparecieran las plataformas electorales, acostumbradas en todos los rincones  del mundo, sencillamente porque a ellos les ha dado por llamarlas imposición  y dictadura política. Entonces las plataformas propias podrían hacerse valer, ayudadas de muy socorridos y muy conocidos recursos, provocando el cambio radical que, más que la pretendida pureza de los procedimientos electorales, en lo que se busca.

A esto si lo llamarían libertad, por la vieja manía de otorgar este nombre más que los privilegios que ellos, o sus padres, o los padres de sus padres, están acostumbrados a disfrutar.

En las próximas jornadas para la elección de Gobernadores se repetirá el mismo fenómeno e idénticas reclamaciones, sea que la llamada oposición se presente a la lucha, sea que no se presente. La vacilación en este punto no es una muestra de aristocracia- esta aristocracia tan celosamente guardada por la oposición derechista- ni una señal de entereza-posición muy defendida por la oposición de la otra mano-; sino en las masas que es muy fácil poner a flor de labio, pero que ya no es tan fácil llevar a las urnas, aunque se trate de ese recurso tradicionalista  tan explotado, que es la mujer mexicana.

Se dirá que el PRI impone los Gobernadores desde sus oficinas centrales y que los presuntos están esperando el espaldarazo del PRI, y no precisamente del pueblo de su Entidad, para considerarse ya electos y seguros mandatarios. Ciertamente, el hecho de que la oposición no quiera discutir al PRI- por aristocracia, por entereza o por desconfianza- las plataformas electorales y de que, por consiguiente, las del PRI sean las únicas, hace aparecer como decisiva la selección del Partido.

Se podrá discutir si la democracia es absoluta o no, pero no se puede discutir que es el único factor democrático que sale al campo y la expresión más fiel, hasta donde es posible, de una voluntad popular que nunca y en ninguna parte sea manifestado sin organizaciones, sin plataformas, sin candidatos y sin programas. Los que hablan de carencia de libertad son precisamente los que la están traicionando y volviendo la espalda. El PRI, recogiendo del ambiente popular a los mejores elementos de sus programas en cada Entidad, devolviéndoles con el sello de su candidatura, y aunque sepa que por ser única es casi segura, rinde a la libertad, en este caso electoral, el tributo que está obligado a rendirla y en la forma en que está obligado a hacerlo.

¿Qué, por estar en el candelero, ejerce presiones? Esto no es nuevo, ni deja de existir en los pueblos más adelantados, los que sin embargo tienen un juego electoral donde la oposición no adopta medidas que podrían llamarse infantiles.

Esta peculiar  condición de nuestra vida política pone al Partido que resulta casi único- y en muchos casos de Gobiernos de los Estados, único del todo- en uno de sus mayores compromisos: el de no errar en la selección de sus candidatos.

Esta responsabilidad  se ha dejado sentir muy saludablemente en los últimos años. Los yerros, que también han existido, han puesto más de relieve el acierto en los demás casos.

Para campañas electorales relativamente breves y cortas, porque el proceso está facilitado por la ineludible presencia de una revolución que no puede negarse a sí misma y porque han desaparecido, en un concepto más ajustado a la realidad, los grandes y casi  fabulosos dispendios  de otras épocas, el mecanismo revolucionario saca de sus filas a los hombres mejor dotados, por aptitudes, por preparación y por arraigo regional; y estos son los que ofrece a sus propios adeptos y a todo el pueblo. Enteramente igual a como lo harían los partidos  de la oposición dentro del terreno común de los mexicanos y si, por esta causa, se decidieran a hacerlo.

También en este sentido se repetirá la historia: los nombres que conocemos, con ligeras excepciones de anodinismo, responden  a lo que llamaríamos “el sentido funcional” del cargo. Se podrá discutir si unos mas y otros menos, pues los hombres distan mucho de ser ecuaciones algebraicas; pero no puede negarse que los cuadros formados o por formar superan con mucho aquellas perspectivas de los jefes políticos de nuestra historia o nuestra leyenda negra.

Nosotros apoyamos a la Revolución en sus hombres. Lo demás, lo que llaman imposicionismo, ya no es cosa neutra ni de los hombres de la Revolución: esto lo causan, lo fraguan y lo determinan los mismos enemigos de la Revolución.

Ponerle nombre resulta lo más fácil, ya que cada bando tiene su propio diccionario.

 

 

 

Miércoles, 28 de Septiembre de 2011 08:05

Mire en la trinchera de México Número 2

por Bernardo Carriedo Saenz

Mire en la trinchera de México.

Editorial: La Estructura Política de la Revolución

Diciembre 1955

Fundamentalmente al margen de un futurismo, que juzgamos aun prematuro, dado que estamos a medio camino de un programa constructivo de  impecable manufactura, se ha presentado en la palestra  de las discusiones mas oportunas el tema de la estructura política de la Revolución Mexicana, que a través de diversas denominaciones – las del partido oficial – ha sido la depositaria de las orientaciones y los rumbos que tomo la cosa publica desde que sedimento la ebullición de las sangrientas jornadas iniciadas en 1910.

Primer Editorial de la revista Mire -  FUTURISTAS NO, ACTUALISTAS ¡!
El futurismo político ha sido y es en México, una psicosis que afecta profundamente a ciertos grupos, los cuales  se adelantan al desarrollo normal de los acontecimientos, tratando de forzar arbitrariamente las leyes que rigen el desenvolvimiento social.

Han ocurrido dos accidentes aéreos, que prendieron un listón de luto en la prensa nacional. El primero ocurrió en el Pico del Fraile-en el Popo-y en el murieron los cuerpos, más no el espíritu, de los compañeros Paco Mayo fundador de la dinastía de reporteros gráficos del mismo apellido y Luis Bouchot Focil, joven reportero de limpia trayectoria.

 

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