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Viernes, 06 de Enero de 2012 13:44

La Libertad de Prensa, un Derecho y una Conquista.

La Libertad de Prensa, un Derecho y una Conquista.

Ediorial de la revista Mire publicada en junio de 1956, a propósito de día de la libertad de prensa.

México, que ha sido el adelantado de tantas fórmulas e instauraciones de carácter social primario- la más profunda de las revoluciones- en el mundo democrático, lo ha sido también del Día de la Libertad de Prensa, que nació como acontecimiento en 1951,como celebración nacional en 1952 y como acuerdo de la Sociedad Interamericana de Prensa en 1953.

Desde entonces-ayer, como quien dice-, los postulados de la libre expresión en las funciones informativas y orientadoras de las paginas periódicas, fruto predilecto de las democracias al mismo tiempo que su mejor signo, han sido enaltecidos conjuntamente por quienes a esta delicada misión se entregan y por quienes la respaldan y defienden desde las alturas del poder, que eran antiguamente las más obstinadas en poner cortapisas a la realidad de un derecho teóricamente indiscutido.

Esta feliz conjunción, que entre nosotros no sufre los penosos opacamientos que en otras partes del Continente se lamentan, ha cristalizado en mancomunadas declaraciones que, como las del día 7 del presente en la amistosa reunión de las más altas autoridades del país y los más significados representantes del periodismo nacional en todas sus esferas, han reiterado con categórica precisión la correlatividad de derechos y obligaciones en ambas zonas de influencia sobre la opinión pública.

Al derecho de libertad de prensa corresponde la obligación de respetarle por parte de la obligación de respetarle por parte de quienes tienen en su mano los resortes del poder; y al derecho de éste, para llevar adelante su misión por encima de toda clase de anarquías, responde la obligación de la prensa de respetar “la vida privada, la moral y la paz pública”, tal como lo indicó el Primer Mandatario de la Nación en las palabras que pronunciara durante el acto.

Conservar esta correlatividad no es, ni ha sido nunca, resultado de ordenaciones previas ni de mutuas capitulaciones o códigos especiales; sino de un ambiente formado por la ciencia profesional, por una parte, y por “conciencia del poder “, por otra; respondiendo ambas a la conciencia del público, que no dicta o no debe dictar los coloridos, pero que el señor a quien se sirve en el ejercicio de tan notables menesteres.

Todas las frases que en estas ocasiones salen de los labios de quienes representan unos y otros intereses, en el mejor sentido del vocablo, son expresión, todo lo fuerte y acertada que la mutua confianza permite, de este ambiente que, cuando se pierde, es muy difícil de restaurar en su justa graduación, y cuando tiene, suple con ventaja a todos los cánones preestablecidos y a toda enumeración de responsabilidades.

Un ambiente sano ahoga en su eflorescencia de los viciosos crecimientos de la insidia, la mala fe, la inmoralidad y el amarillismo, que deturpan las funciones de la prensa en su estable cometido.

Y el vigor de estos sanos ambientes es lo que, en la profusión sin paralelo de nuestras publicaciones, se celebra, al par que se trata de fomentar, para que la misma abundancia de órganos informativos y, sobre todo, originadores, no degenere en vulgaridad, menos valía y menor aprecio de este elevadísimo mercado de letras y de ideas, que a medida que engrosa la lista de las presentaciones tiene mayor obligación de cuidar la calidad y la pureza de sus mensajes.

 

 

 

 

Publicado en Mire en la Historia

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