Anunciantes

stcderematelogo.jpg
Sábado, 30 de Junio de 2012 18:03

La veda y la marcha #Yosoy132

La ley electoral vigente en México establece que a partir del jueves pasado y hasta el término de la jornada de votación, no está permitido difundir  encuestas o sondeos de opinión en ningún medio. Tampoco la “celebración” o “la difusión de reuniones o actos públicos de campaña, de propaganda o de proselitismo electorales” (artículo 237, del COFIPE).

Esta etapa previa al día de los sufragios se ha bautizado en el argot electoral como el periodo de “reflexión” o “veda” y no es una regla única en el mundo. En España, por ejemplo, la “Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del régimen general electoral”, establece en su artículo 53 que “No puede difundirse propaganda electoral ni realizarse acto alguno de campaña electoral una vez que ésta haya legalmente terminado”, y en su artículo 69 que “durante los cinco días anteriores al de la votación queda prohibida la publicación y difusión de sondeos electorales por cualquier medio de comunicación”.

Una visión letrista o que ignore cómo se han abordado casos similares y modulado criterios por parte del IFE y el TEPJF en México, puede considerar que la veda implicaría asumir, que si nadie puede realizar un acto público proselitista, tampoco un medio de comunicación podría ni siquiera denunciar que se viola la ley dando cobertura a un acto con tales características o entrevistando a sus participantes porque eso, podría entenderse como difusión del proselitismo.

Es verdad que existe la restricción concreta para no realizar o difundir actos públicos de corte propagandístico, llamando a votar o a no votar por determinado candidato o candidata. Sin duda hay argumentos sensatos en los que se considera que se trata de una regla excesiva porque podría afectar, o afecta, la libertad de expresar una postura política en privado o en público sin importar el calendario, y la prudencia que mandata el COFIPE con los días de “reflexión” en los que no puede haber llamados al voto o al no voto, ni desfile de encuestas previo a la jornada y hasta que ésta termine, acota ese flujo de información y expresión libre.

La ley aprobada por representantes de todas las fuerzas políticas en 2007-2008 optó por el modelo de prudencia previa, una “veda”, que no es ajena a democracias como la española o la argentina, pero que ante un clima tenso como el que se vive a pocos días de una elección presidencial, aludir a su vigencia o simplemente describir lo que dice la ley, es políticamente incorrecto o inoportuno para algunos sectores que no coinciden con vedas ni reflexiones, y también para otros que ante la falta de insumos con qué llenar sus columnas inventan perversas intenciones hasta en supuestos lápices que se habrían diseñado perversamente para hacer un operativo de borrado masivo de votos. Con esos temas frívolos se deja de atender aspectos que sí son preocupantes y requieren denuncia y análisis, como las prácticas de acarreo, o despensas que lucran con el hambre que hay en el país en una vergonzosa forma de comprar o coaccionar el voto. Tristemente es una práctica que se denuncia y se presenta hasta en las contiendas internas de todos los partidos políticos.

Yo creo que existen elementos razonables o en parte razonables en el espíritu de la norma vigente sobre la veda. Por ejemplo, el uso propagandístico de encuestas podría intensificarse durante las votaciones para desanimar a votantes o incluso, podrían realizarse sin mayor problema marchas en donde se gritaran consignas y se utilizaran altavoces afuera de cada casilla para pedir el voto por un partido o candidato, lo que es un delito tipificado en el artículo 402 del Código Penal y en mi opinión eso no vulnera la libertad de expresión ni tiene lógica represora.

La ley ahí está, y por eso algunos consejeros del IFE han respondido a preguntas expresas sobre las restricciones para marchas u otro tipo de actos públicos que tengan una lógica proselitista o propiamente de campaña favorable o contraria a un partido o candidato. A partir de esas declaraciones no han faltado titulares que sugieren una embestida en contra del movimiento estudiantil #Yosoy132 (“arremete el IFE” contra los estudiantes, dice un periódico en un exceso evidente).

Los jóvenes estudiantes, a diferencia de diarios y columnistas oportunistas, han dado señales de respeto a la ley y no se han enganchado con un discurso de victimización. Sin cancelar su derecho a expresarse, no se volcaron en contra de las reglas de “veda”, al contrario, dijeron que no harán una marcha de corte proselitista respetando la ley. Me parece que están en su derecho de manifestarse y también de simpatizar, si fuera el caso, con uno u otro partido, y eso no los vuelve arietes o títeres de nadie. Es absurdo que desde las instituciones públicas nos la pasemos pidiendo a la sociedad que apueste por el modelo de partidos con una mano y con la otra descalifiquemos supuestas o reales simpatías partidistas de un movimiento social que en el histórico debate presidencial que organizó, demostró tolerancia, crítica e imparcialidad.

Es ignorancia o deliberada manipulación sugerir que una autoridad administrativa, por más críticas que se quieran hacer respecto a su desempeño, estaba enfilada a (o amenazaba con) pedir tanquetas y gas lacrimógeno para reprimir una marcha pacífica de estudiantes. La marcha va a llevarse a cabo, y sus organizadores ya han declarado que respetará la veda y no hará proselitismo. Como referencia tenemos el debate que organizaron, en donde dijeron que sería imparcial, y fue imparcial.

Pero aunque la marcha roce o rebase los límites interpretables del artículo 237, difícilmente será objeto de una queja administrativa y menos de un acto irracional de represión. Los tiempos cambian y no por concesión graciosa de nadie, sino precisamente por episodios traumáticos de intolerancia y cerrazón a protestas legítimas.

Marchar no actualiza en automático una violación al COFIPE, hacer proselitismo en periodo de veda sí, pero aún en caso de que sucediera eso, es decir, incluso si presenciáramos actos abiertamente de llamado a votar o no votar por algún candidato(a) en la marcha convocada para este sábado, es imposible instrumentar un procedimiento administrativo sancionador notificando a 500, a 20 mil o 100 mil manifestantes, y hacer diligencias y audiencias para verificar si corearon media consigna o la consigna completa pidiendo el voto por un partido o mentándole la madre a un aspirante presidencial o a todos en su conjunto.

Por eso insisto, sí existe una restricción expresa para hacer actos públicos proselitistas y una marcha que originalmente se anunció (en los medios) como contraria a un candidato, seguramente podría configurar durante su desarrollo elementos que la convirtieran en acto proselitista, pero ¿qué partido presentaría una queja pidiendo sancionar a los manifestantes? No creo que ninguno fuera tan torpe, aunque estaría en su derecho legal de intentarlo.

En realidad la tendencia de interpretación que se ha perfilado en el Consejo General del IFE para resolver eventuales violaciones a la “veda” nunca ha sido sancionar a un medio que difunde como parte de sus actividades periodísticas alguna opinión o expresión general de personajes públicos o ciudadanos que pudiera llamar al voto o al no voto en esta etapa del proceso electoral, tampoco a ciudadanos o estudiantes que participan en actos multitudinarios (por ejemplo, en una decisión polémica, el instituto resolvió en 2009 sancionar el famoso plantón de reforma de 2006, pero no a los ciudadanos o estudiantes que participaron, sólo a los partidos políticos).

Otro ejemplo. En 2009 el senador Arturo Escobar era entrevistado durante el periodo de veda en el noticiario de José Cárdenas en Radio Fórmula, y a juicio del PRD (quien presentó la queja) esto violaba el artículo 237 porque Escobar ni nadie podían difundir expresiones pidiendo el voto en favor o en contra de un partido en un medio de comunicación, considerando su condición de militante del PVEM, el senador lo hizo mientras daba su versión a Cárdenas a propósito de una nota difundida por el diario Reforma sobre un portafolio con dinero que habría motivado su detención en el aeropuerto de Chiapas.

Escobar dio su versión sobre un asunto de interés periodístico, en vivo, pero aprovechó al terminar la entrevista para pedir que los mexicanos voltearan a su opción política el día de las votaciones, lo que detonó la queja ante el IFE por vulnerarse la veda con un llamado proselitista. Finalmente el caso se consideró infundado en el instituto con una apretada votación de 5 a 4, pero aunque ningún consejero pidió enderezar sanción en contra del medio o del conductor que por difundir la entrevista, la única discusión giró en torno a si había responsabilidad de Escobar y su partido, que fue exactamente lo que resolvió el TEPJF al revisar ese caso y con ello fijó un precedente relevante: No sanción a un medio que hace periodismo, pero sí a un actor político que hace proselitismo en ese medio.

En síntesis, nadie va a sancionar a jóvenes manifestantes ni a medios por reportar manifestaciones, en todo caso, si hubiera proselitismo y se violara la veda, tendría que presentarse una queja y los que podrían ser sancionados serían partidos políticos o candidatos.

Desde el 11 de mayo y hasta los últimos días de campaña, un nutrido grupo de jóvenes universitarios conformaron el movimiento #Yosoy132, el cual ha motivado una reflexión intensa en un importante sector de la sociedad, y permitido que coexistan estudiantes de universidades públicas y privadas, no libres de errores, asambleas con discusiones maratónicas y pugnas internas, pero en un balance sereno, sus logros son inobjetables, porque no es sencillo mantener cohesión y acción en un universo donde convergen tantas opiniones y posturas universitarias. Destaco particularmente su agenda crítica al papel de los medios de comunicación y sus relaciones con la política. Creo que ese rubro es un aporte que puede tener mayor alcance al término de las elecciones.

Por más intereses –sin duda los hay- que pretenden montarse o apropiarse de sus demandas e ímpetus genuinos, y por más intereses que buscan desacreditarlos como porros acarreados por un grupo político, los estudiantes han sorteado obstáculos y nos han dejado buenas lecciones al organizar un debate presidencial imparcial y democrático, y al fijar una postura de respeto a la ley cuando la marcha generó una polémica relacionada con la veda.

El movimiento #Yosoy132 ha inyectado reflexión y debate público en la recta final de este proceso electoral, apostando por el voto efectivo y no por el voto anulado como ocurrió con muchos jóvenes en 2009, por derecho a un voto informado a través de debates y medios que esos sí han demostrado poder borrar (a diferencia del lápiz del IFE que no se borra) a los políticos o estudiantes que atentan contra sus intereses económicos. La veda no va a borrar a los estudiantes. Ojalá que voten el domingo, que vigilen el voto y que sigan expresando sus puntos de vista e impulsando lo que ellos consideran justo, en el marco de la ley, como lo han hecho desde un principio. Si simpatizan con un partido, con varios o con ninguno, es mejor escuchar sus razones y en todo caso debatirlas. De eso se trata la democracia.

@lmcarriedo

*Asesor del IFE, sus opiniones son a título personal

Publicado en Política
Viernes, 29 de Junio de 2012 18:19

Video: El lápiz del IFE

No desaparece la marca luego de varios intentos por borrarla. Luis Miguel Carriedo, asesor del IFE, hace una prueba con el polémico lápiz que se utilizará el 1 de julio.

Política. 28-junio-2012. El instrumento para marcar las boletas de votación el próximo domingo ha desatado una intensa polémica en diversos medios de comunicación y cuentas de redes sociales, debido a que, se afirma, se trata de un "lápiz borrable", sugiriendo con ello que podrían alterarse los votos que se depositen en las urnas fácilmente.

El lápiz no está hecho de grafito, sino de una mezcla de arena y cera, lo que hace muy complicado borrarlo, sin embargo, el IFE ya ha expresado que estará permitido llevar plumones o cualquier marcador con el que los ciudadanos decidan ejercer su voto.

Aquí el video comentario de Luis Miguel Carriedo.

Publicado en Política
Miércoles, 27 de Junio de 2012 12:44

El conteo rápido el domingo por la noche

Una vez que cierren las casillas de votación el próximo domingo 1 de julio, los medios de comunicación y por lo menos 28 empresas no tendrán ninguna restricción para informar sobre las tendencias electorales que arrojen sus propios ejercicios demoscópicos. Habrá entonces muchas empresas privadas que darán a conocer una proyección de los resultados electorales a través de encuestas de salida y conteos rápidos la noche del próximo domingo 1 de julio, apenas termine la jornada en el primer segundo de las 20:00 horas. Así lo establece en su artículo 237 del COFIPE.

Los medios no podrán seguir difundiendo encuestas o sondeos con proyecciones de la intención de voto a partir de este jueves 28 de junio, es decir, las mediciones pre-voto, una vez que faltan tres días para que abran las poco más de 143 mil casillas en todo el país no van a darse a conocer hasta que concluya la actividad en todos los centros de votación.

Será hasta ese momento, con todos los votos ya depositados, cuando podrán difundirse estimaciones de los resultados electorales en medios de comunicación que van a proyectar una tendencia de lo que ocurrió en las urnas. No es indebido que lo hagan medios y encuestadores, pero el previsible flujo de conteos rápidos y exit poolls con resultados que se van a exponer masivamente, debatirse, twittearse, retwittearse, repetirse una y otra vez en comentarios de analistas radiofónicos y televisivos y quizá desfilar en casas de campaña y discursos de candidatos, obligan al IFE a no dejar un vacío institucional como ocurrió en 2006.

Los resultados de encuestas de salida privadas no siempre coinciden entre sí porque se construyen con metodologías que incluyen cuestionarios, tamaños de muestra e intereses diversos y algunas son contratadas por los políticos involucrados en la competencia, sobre todo estas últimas, digamos que tienen márgenes “científicos” muy amplios de error.

No son todos, pero sí hay muchos estudios demoscópicos se utilizan como estrategia de propaganda, lo que puede concluirse si contrastamos los resultados de las elecciones que tuvieron márgenes desproporcionados e incluso contradictorios con las tendencias que daban como científicas varias casas encuestadoras días antes de la elección respectiva o al cierre de casillas. Ahí está Puebla, Michoacán, Durango y Oaxaca, tan solo por mencionar algunos ejemplos de franca contradicción entre lo que se proyectaba y lo que realmente se votó. O mintieron los encuestados, o mintieron las encuestadoras.

Sin entrar a fondo en este tema, es evidente que sería irresponsable por parte del IFE dar un paso al costado cediendo a empresas particulares la vocería de las tendencias electorales sin una fuente oficial con la que se pueda contrastar. Un ejercicio propio del IFE, como el conteo rápido permitirá conocer un corte de resultados de manera oportuna, aclarando que nunca será definitiva una tendencia muestral el mismo día de la elección, porque existen plazos legales para el cómputo en los distritos, eventuales recuentos e impugnaciones. Un conteo rápido o “encuesta nacional” como ahora le llama el IFE no declara ganador ni perdedor oficial, sólo refleja una proyección científica, construida con una metodología que conocen los partidos políticos antes de ser aplicada y que mostrará lo que ha quedado plasmado en una muestra representativa de las actas donde se asientan resultados en cada casilla. Esa muestra será mucho más precisa que la de empresas privadas, porque incluirá más de 7 mil casillas, a diferencia de la que utilizan las empresas encuestadoras que proyectan a partir de unas 1000 o 1,500 actas de casilla. Una tendencia oficial que nos dirá cuál es el estado de las cosas, en las actas pegadas en las casillas, la noche de la elección, no semanas después y no después de casi 30 empresas privadas y cientos de medios de comunicación.

Insisto, ningún ejercicio muestral declara ganadores o perdedores, no lo hará el del IFE como tampoco lo hacen los sondeos, encuestas de salida o conteos rápidos privados. Ni siquiera el PREP que es censal o los cómputos oficiales de votos que se realizan en los 300 distritos electorales el miércoles siguiente a la jornada son definitivos, porque existe un periodo de impugnaciones en donde pueden darse movimientos o ajustes en algunas cifras de votación.

Habrá un ganador(a) sólo hasta que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, semanas después de la jornada califique la validez de la elección y desahogue impugnaciones. No antes. Esperar hasta ese momento sin poner sobre la mesa una muestra científica que provenga de la autoridad sería repetir un grave error.

La pifia y reversa del TEPJF

El 14 de marzo el Consejo General del IFE aprobó el Acuerdo por el que se ordenaba la realización del “Conteo rápido” y la creación de su Comité Técnico Asesor, integrado por expertos en el diseño científico de la metodología para el ejercicio.

El TEPJF primero revocó ese acuerdo el 5 de mayo, argumentando, por ejemplo, que el PREP “ya existe” y que “persigue idéntico propósito” al del conteo rápido, lo cual no es preciso (eufemismo que me evita decirle disparate), porque el PREP es un sistema de resultados censal, pero no permite una fotografía de la tendencia global de votación al ir mostrando, minuto a minuto, en tiempo real, el comportamiento de la captura de resultados, ya que dependiendo de cuales se capturen primero, las cifras pueden favorecer indistintamente a quien tenga una votación mayor en un grupo de casillas que se capturan y eso no proyecta una tendencia general precisa hasta que se termina de capturar todo.

Dos días después de la decisión que tomaron los magistrados presentes en la sesión, y luego de una discusión pública intensa, la Sala Superior envió una “nota informativa” a los medios de comunicación para rectificar o “aclarar” los alcances de lo que aprobaron, en una modalidad sui géneris de lo que en el argot de los abogados se conoce como “aclaración de sentencia”. En dicho comunicado, el Tribunal dijo: “La sentencia de la Sala Superior únicamente puso de manifiesto un aspecto en el acuerdo que debía subsanarse, pero en ningún momento limitó y restringió la facultad reglamentaria del Consejo General del IFE”.

El aspecto a subsanarse, según la aclaración-boletín, sería que los “métodos para la selección de las casillas que servirán de base para el conteo rápido”, se detallaran más, porque como las casillas “serían elegidas de forma aleatoria” , pues “la Sala Superior determinó que este aspecto debe reorientarse, para definir de manera precisa y clara el método para seleccionar las casillas materia de la muestra por el Comité Técnico Asesor que se determina integrar en el acuerdo, cuando se emitan las normas atinentes, con el propósito de generar certidumbre en su confección”.

Los magistrados metieron reversa a su pifia y eso es bueno. Sin duda su comunicado contrasta con un párrafo elocuente de la sentencia, en donde la Sala Superior habla de una supuesta falta de certeza que implicaría el conteo rápido, de una supuesta confusión que podría generar (sin explicar a qué se refiere) y de la existencia del PREP como sustituto del conteo rápido, sugiriendo que con ese método se proporcionan resultados y no con un conteo rápido. Dice la sentencia: “la técnica del conteo rápido podría propiciar falta de certeza y objetividad en la obtención del resultado de dicha elección, además de que al ya existir otro método establecido en la ley para proporcionar información preliminar del resultado de la elección, podría generar confusión en el electorado”. A pesar de la cita, el Tribunal informó que sí es legal un nuevo acuerdo para el conteo rápido y el IFE volvió a aprobarlo llamando ahora “Encuesta Nacional” a lo que sigue siendo, un conteo rápido que tomará una muestra representativa de más de 7 mil actas.

El conteo rápido es un instrumento muestral que permite conocer con muy poco margen de error tendencias finales de votación al término de la jornada electoral, a diferencia de las encuestas de salida o los sondeos de opinión, porque el conteo se basa en actas y no en lo que responde un encuestado al salir de la casilla.

En las encuestas de salida (exit poll), el encuestado puede dar una respuesta que no corresponda a lo que en realidad hizo al votar (por miedo o cautela), mientras que en los conteos rápidos la muestra se basa en actas, es decir en los votos. En ambos casos se proyecta una tendencia estadística con cierto grado de precisión, pero esa precisión es altísima en un conteo rápido.

Es decir, una encuesta de salida también es muestral, pero ahí el encuestador pregunta el sentido del voto a un determinado número de ciudadanos cuando van saliendo de las casillas y así se proyecta la tendencia general, mientras que el conteo rápido toma una muestra de actas y proyecta, sobre resultados, dicha tendencia. El sondeo implica preguntas aleatorias y por lo tanto no tiene precisión estadística y el Programa de Resultados Electorales Preliminares, que es censal, va arrojando datos conforme se capturan, por lo que no puede ser referente para proyectar una tendencia general hasta que termina toda la captura.

No hay vuelta de hoja, guardarse los resultados de un conteo rápido oficial, provocaría incertidumbre igual que en 2006 y conteos rápidos privados desfilando sin fuente de contraste. La noche del 2 de julio nos iremos a dormir con información, con el corte de caja de una larga jornada.

*Asesor en el IFE, sus opiniones son a título personal.

Publicado en Política

 

En la primera entrega sobre este asunto expuse un paquete de reflexiones sobre el modelo de promocionales cortos -los famosos spots-, diseñados con lógica publicitaria y utilizados por partidos y candidatos en cada proceso electoral, como un importante vehículo para obtener el voto de los ciudadanos. El meollo del asunto, decíamos, es que ese formato promueve un tratamiento de las opciones políticas en competencia similar al de posicionar marcas o vender papas fritas.

 

No acudo a la descalificación fácil de “la política”, así en genérico. Yo creo en el sistema de partidos y así como lamento sus acciones en muchos temas, también conozco propuestas serias de algunos, por ejemplo, veo estatutos en los que se reivindica la equidad de género y se abre la puerta para acciones afirmativas que obligan a representar a indígenas y jóvenes en sus candidaturas, veo también decisiones históricas en el terreno legislativo como la propia reforma electoral que extirpó en buena medida la privatización del acceso a radio y televisión en los comicios, aunque nada de eso lo infiero como postura o propuesta a partir de  lo que difunden los partidos en sus spots de campaña.

 

No se trata de buscar un modelo de promocionales sólo con “propuestas”, posturas y logros. En democracia la crítica y exhibición de conductas inmorales o ineficaces de los gobiernos y representantes populares permite también evaluar el rumbo, sin que eso sea equiparable al montaje de escarnios injustificados, o denigración y calumnia calculada no en función de brindar información real, sino de dañar la imagen del adversario a cualquier costo, sin importar que se mienta, con tal de ganarle una rebanada de poder.

 

El primer paso para transitar a elecciones que de verdad permitan tener a la vista las ofertas concretas de gobierno y los compromisos legislativos, es reconocer que no habrá mejores contenidos de las campañas si no existen mejores formatos para exponerlos.

 

Antes con dinero de por medio (o sea, peor que ahora) y hoy a partir de una fragmentación y distribución proporcional de los tiempos del Estado en radio y televisión, el spot reduce la oportunidad de expresar ideas, a sólo frases ocurrentes, golpes denigratorios,  jingles, lemas y actuaciones especiales de luchadores, artistas o medallistas olímpicos. Veamos.

 

Con la actuaciones estelar…

En el año 2000, Juan Gabriel cantaba que “ni Temoc, ni Chente … ni el PRD ni el PAN, el PRI es el que va a ganar”. No se trataba de un militante demostrando su simpatía partidista ni tampoco de un promocional que permitiera valorar ninguna propuesta o crítica seria. De hecho, concluida aquella campaña, se supo que el cantante tenía adeudos fiscales que no fueron perseguidos en el sexenio priísta de Ernesto Zedillo como sí lo fueron en el del panista Vicente Fox. Saque usted sus conclusiones.

 

En esa misma elección, Chespirito apareció en otro spot pidiendo el voto por Fox, igual que la actriz Kate del Castillo. Ambos se veían convencidos del candidato, pero en ninguno de los casos, el spot respectivo aportó una propuesta o idea específica de gobierno que permitiera a la audiencia informarse para ejercer su voto.

 

“Quiero que sepas que a mí nadie me pagó por decir esto”, afirmaba del Castillo en su spot, pero no sabemos si Chespirito o los futbolistas Kikín Fonseca y Alberto García Aspe, igual que la actriz, eran entonces simpatizantes panistas o sólo personajes ocasionales para un anuncio. Es difícil atinarle porque ni siquiera ellos lo aclararon en la pantalla, como tampoco lo hizo el ex portero de la selección mexicana Jorge Campos, quien apenas en 2010 salía en un spot junto a Joan Sebastian y Enrique Peña pidiendo el voto por el priista Manuel Añorve en Guerrero, mientras que en 2005 Campos hizo lo propio en otro promocional para impulsar la política del saliente gobernador perredista, Zeferino Torre Blanca, en torno al conflicto por la polémica presa “La Parota”.

 

Durante las campañas de 2009,  Chantal Andere promovía en spots  al Partido Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano), sin especificar a la audiencia que ella no es militante, sólo una actriz dándole voz e imagen a un guión, que terminaba con el jingle “naranja, naranja”.

 

Un ejemplo por demás emblemático de estas tendencias que se cargan a lo publicitario antes que a brindar información para la deliberación política, lo vimos cuando el actor Raúl Araiza, también en los comicios de 2009,  era  la imagen del Partido Verde.

 

El actor fue entrevistado a propósito de sus aparentes convicciones políticas en la revista Tv y Novelas, con spots ilegales en los que esa supuesta charla –después se demostró que era una inserción pagada- se difundía en televisión como si la revista estuviera promocionando un contenido más para que la compraran, sin reparar en que la difusión seguía al aire mientras la edición que circulaba en los puestos de periódicos ya era otra.

 

Al respecto, el 25 de junio de 2009, el actor dijo en otra entrevista -ésta sí real- transmitida en un programa de espectáculos de MVS, que él no estaba de acuerdo con la “pena de muerte”, una de las propuestas legislativas que defendía en los spots del partido. Pero fue más allá, dijo que salía en los promocionales porque lo escogieron después de un “focus group” y un “casting”. Se trataba de una actuación “como si me hubiera escogido Coca cola o Marinela”, y remató con que él ni siquiera acostumbraba votar en las elecciones: “Mejor voto en la casilla por nadie (…) mi presidente nunca lo quitan, es el señor Azcárraga”, dijo en entrevista con Susana Moscatel.

 

Si algo nos ha enseñado el nuevo modelo de comunicación político electoral, es que los ciudadanos sí han visto o escuchado los spots, es decir, no es un problema de exposición en medios, sino ausencia de condiciones para que esa exposición lleve ofertas políticas y no ocurrencias con música de fondo.

 

Poco después de la elección federal de 2009, acudí a la arena México para a ver como “El Místico” se lucía con lances frente al Negro Casas. El famoso luchador había sido imagen, junto con la medallista y hoy diputada Iridia Salazar, de algunos promocionales del PAN. Esos spots ya eran muy conocidos, fueron vistos de forma eficaz por mucha gente. Así se acreditaba ante mi incredulidad mientras cientos de personas desde las gradas coreaban o abucheaban a la porra ruda que gritaba en cada vuelo del astro mexicano “pinche panista”. Un documentalista de la BBC grababa aquella función en la fila de adelante, y con un español decente preguntó “¿Qué gritan? ¿Por qué se ríen?”. Lo que ocurre es sale en los spots del IFE, le contesté. No creo que me haya entendido, pero de igual forma expresó un “ah” como si la duda hubiese quedado disipada.

    

¿Cómo garantizar mejores contenidos en los spots? De entrada, incluyendo una leyenda en cada promocional que aclare si hay en él actores o militantes, y sin duda, ampliando su tiempo para incentivar el desarrollo de más ideas y menos jingles, de más propuestas y menos lemas, de candidatos en pantalla que expongan de viva voz sus ofertas y no de actuaciones disfrazadas de militancia.

 

Tentaciones

Se han presentado interesantes propuestas para ajustar el formato corto. El 28 de febrero del año pasado un grupo de políticos, escritores e intelectuales, coincidieron en la necesidad de terminar con “la dictadura del spot”, y transitar a segmentos más amplios en los que en verdad puedan exponerse propuestas que permitan a los electores tomar una decisión informada.

 

En ese grupo plural coexiste la firma de un promotor de la restricción constitucional a comprar tiempos en radio y televisión, como José Woldenberg, con la de impulsores  de la libre contratación como Héctor Aguilar Camín.

 

Sería improbable que el mismo senado de la república que voto la reforma electoral de 2007 ahora diera marcha atrás. Eso da tranquilidad a quienes vemos, como sucedió con el movimiento del “voto nulo” en 2009, potenciales tentaciones de los detractores de la reforma electoral para reprivatizar las campañas montándose en un reclamo viable y adecuado para dejarnos de actuaciones y pasar al debate de ideas. A esas sí, les pueden poner toda la música e iluminación que quieran, porque nadie podrá escuchar sólo una.

 

*El texto se publicó originalmente en la revista Zócalo, número 134 (Abril de 2011). El autor es asesor en el Instituto Federal Electoral, sus opiniones son a título personal.

Publicado en Medios y Democracia
Martes, 15 de Mayo de 2012 10:29

Debate sobre el debate en TV Mexiquense

VIDEO: Fred Álvarez, Luis Manuel Arellano y Luis Miguel Carriedo analizan  el formato del debate presidencial, el desempaño del IFE y el de los candidatos.

POLÍTICA. México,15-Mayo-2012. Después del primer debate presidencial el domingo 6 de mayo en el Pepsi Center del World Trade Center, los analistas Fred Álvarez, Luis Manuel Arellano y Luis Miguel Carriedo analizan su formato, el desempaño del IFE y el de los candidatos.

Compartimos esta mesa de debate sobre el debate mexicano, transmitida en el programa “La Báscula” de TV Mexiquense, el pasado 8 de mayo.

Los debates en México están muy lejos todavía de los formatos europeos de Francia o España e incluso en países como Chile y Brasil en América Latina.

Publicado en Política
Jueves, 26 de Abril de 2012 01:35

Spotización, apuntes para el debate

Las contiendas electorales en nuestro país han apostado por instrumentos de difusión diseñados para la publicidad comercial: el spot, particularmente, y la propaganda encubierta de forma paralela. En el primer caso, luego la última elección presidencial, el cambio de reglas en la competencia consolidó indirectamente a este formato como vehículo de comunicación política preponderante, presente ahora con cargo a los tiempos oficiales de 6 de la mañana a 12 de la noche, con impactos de 2 y hasta 3 minutos por cada hora de transmisión, en todas las emisoras de radio y televisión con cobertura en el territorio nacional (48 minutos diarios por emisora durante los procesos electorales).

En cuanto a la propaganda encubierta, debido a que hoy está prohibida la contratación de tiempos y establecidos los formato de acceso a la radio y la televisión, quedó limitada también de manera indirecta, no expresa, para efectos electorales, pero por huecos legales eventualmente puede seguir apareciendo en la publicidad de los gobiernos (siempre y cuando lo encubierto no sea, como sucede habitualmente, la imagen, el nombre o la voz de algún servidor público) e incluso podría permitirse, a partir de una interpretación legal, para los mensajes de partidos políticos (sería lamentable, pero se puede), si por ejemplo se decide utilizar segmentos de tiempo del Estado en la modalidad de “productos integrados”, siempre que esos segmentos correspondan a 30 segundos, 1 y hasta dos minutos por mensaje, que son los rangos que establece el artículo 72 del COFIPE.

Entre spots cortos y engaños largos

Los dos recursos publiciario-propagandísticos, tienen elementos que impiden arribar a un modelo robusto de intercambio de ideas y exposición de ofertas políticas. El spot es demasiado corto y la tendencia ha sido usarlo para posicionar a los partidos como su fueran marcas, con ideas muy genéricas, mientras que la propaganda encubierta parte de engañar al ciudadano, de hacerle pensar que un actor popular es militante del partido que le paga por fingir serlo, que un noticiario registra sin pago de por medio las virtudes de algún aspirante presidencial, o que un comentarista deportivo entrevista y enaltece a un candidato porque simpatiza con sus ideas cuando en realidad todo es un anuncio disfrazado de conversación, de nota, o entrevista espontánea.

Ahí andamos, entre un formato la mayoría de las veces ilegal que busca engañar, y otro muy corto que no permite debatir ideas a profundidad.

Muchas de las críticas a lo que algunos han llamado la “spotización” de la reforma electoral 2007, es decir, al hecho de pautar cerca de 30 millones de promocionales en cada proceso electoral federal, sin pago de por medio (48 minutos diarios durante 150 días en poco más de 2 mil emisoras en todo el país), provienen de personajes que no responden necesariamente a una convicción o interés por una mejor comunicación política, más transparente, sin engaños o en formatos más adecuados para conectar a los partidos con los ciudadanos.

En realidad, la repentina preocupación por este formato y su cantidad de impactos distribuidos en todas las emisoras del país, se ha manifestado más como un pretexto de opinadores afines a las grandes televisoras para descalificar un modelo de 30 millones de promocionales gratuitos y promover un retroceso hacia 30 millones, o más, de promocionales pagados.

Eso no significa ignorar que pese al enorme avance democrático que implica prohibir la contratación de propaganda política en medios electrónicos, sí hay parte de razón en la crítica al formato.

Apuntes

En otras palabras, la discusión de la “spotización” requiere tener presentes los intereses en juego, las verdades a medias y las mentiras completas que se han dicho, pero reconocer que se necesita apostar por mejores formatos, más debate de ideas y mejores condiciones para exponer ofertas políticas. Aquí algunos apuntes en ese ánimo:

Primero. Antes de la reforma electoral los partidos políticos concentraban sus mensajes en el mismo formato de spot, no hay cambio en eso, sólo que en algunos días de campaña había menos y en otros muchos más que ahora (más de 70 minutos diarios de promocionales pagados los días previos a la jornada electoral de 2006 así lo demuestra).

Segundo. Existe una brecha enorme entre la vida interna de los partidos, sus documentos básicos, sus plataformas de gobierno o sus definiciones ideológicas, y los contenidos que alcanzan a difundirse en el formato corto del spot. Apenas alcanza para que los partidos ofrezcan algunos datos o propuestas muy generales, a veces para denigrar al oponente o para mostrar que cantantes, actrices, luchadores o futbolistas simpatizan con sus colores y gobiernos.

Tercero. Hay un problema de origen y radica en que el spot nació para la publicidad comercial en Estados Unidos a mediados del siglo pasado, y supone mensajes cortos que van de 10 a 60 segundos, tiempo suficiente para motivar la compra de un determinado producto si se utiliza con repeticiones estratégicas en espacios de televisión y radio que escuche o vea el “target” del anunciante (no cualquier audiencia, sólo aquella que pueda pagar el producto específico). El alto costo de los espacios comerciales en medios electrónicos es favorable al formato corto (menos tiempo al aire=menor costo), y de hecho, funciona bien para vender, porque no se necesita mucho tiempo para dar a conocer unas papas fritas diciéndole al consumidor que son las más ricas del mundo, que nadie puede comer solo una y que se compran en la tienda de la esquina. Difundir una oferta política no debiera compartir esa lógica como sucede hoy, porque no propicia debate, o espacio adecuado para informar a los ciudadanos cuales son las verdaderas diferencias entre ofertas de gobierno o representación legislativa.

Cuarto. Hay mitos forzados que no deben contaminar la discusión seria para mejorar el formato. Por ejemplo, en agosto de 2009, la revista Nexos publicó un artículo firmado por Mónica Aspe, Alberto Farca y Jimena Otero titulado “Más Spots ¡menos votos!” (así, con signos de admiración).

El texto tuvo una amplia resonancia y fue comentado igual por Héctor Aguilar Camín (quien también considera promover la contratación de spots políticos ilimitada es promover libertad de expresión) que por Sergio Sarmiento como un estudio “contundente”, y con alto rigor académico. La hipótesis de los autores de este “estudio” (una de ellas hoy es funcionaria de la CIRT), es así de simple: mientras más salgas en la tele menos votan por ti porque se satura la audiencia. Ni Jack Palace en Ripley lo hubiera dicho mejor: “aunque usted no lo crea”.

La publicación se dio en un momento en que la industria cabildeaba para intercambiar cargas de tiempos oficiales por productos integrados, los cuales, según ellos, son tan efectivos que ya no sería necesario transmitir 48 minutos diarios, sólo unos 20 o 30, y el resto se pagaría con conductoras anunciando al IFE o a los partidos políticos, sin que hubiera necesariamente una equivalencia de tiempo exacta (porque “más espots, ¡menos votos!”).

La pregunta sería ¿a poco si un cliente tiene ánimo de contratar 90 impactos diarios, un radiodifusor le dice que sólo le compre 6, porque si no la audiencia va a saturarse y sería catastrófico para su producto?

Todavía no conozco, pero debe haber, publicistas que digan: “mientras menos impactos publicitarios es mejor para difundir su producto”, sin embargo, aunque nos recuerde a Jack Palace, para la actual funcionaria de la CIRT y sus dos colegas esa premisa es correcta, mientras más spots políticos hay menos votos.

Las conclusiones de esa investigación “científica”, se basan en la elección federal de 2009 tuvo muchos más spots que la de 2003, y como la participación aumentó “apenas” un 3 por ciento, pues eso probaría que mientras mayor número de promocionales, menor número de votos.

Al respecto habría que tomar en cuenta: 1. Que la lista nominal no tiene una relación idéntica al crecimiento de la población, y gracias a los instrumentos técnicos cada vez más avanzados del Registro Federal de Electores y a las campañas de difusión del IFE –mientras más se transmiten más personas acuden a renovar y actualizar su credencial en los módulos-, la relación de ciudadanos habilitados para votar en 2009 fue superior a la de otros años. En otras palabras, no es riguroso atribuirle al porcentaje de votantes de la lista nominal, la saturación o no de promocionales. Hay muchos factores relacionados con el abstencionismo, desde el desencanto con decisiones políticas, hasta las campañas en contra de autoridades electorales cuando éstas sancionan conductas indebidas de alguna televisora.

Quinto. En 2009 -la primera elección federal con las nueva reglas-, la Cofetel daba cuenta de 2 mil 309 emisoras de radio y televisión en todo el país, y si bien los partidos compraron más de 70 minutos diarios en las principales televisoras los días previos a la jornada electoral de 2006, no lo hicieron en pequeñas radiodifusoras con modesta cobertura que hoy transmiten, al igual que una gran televisora, los mismos 48 minutos diarios durante tiempos electorales, por eso el número global de spots que hoy se pautan parece muy alto, pero en realidad 48 minutos significan 96 promocionales de 30 segundos al día por cada emisora, lo que contrasta con los 70 minutos al día (140 spots) que se llegaron a concentrar en una sola televisora.

Esto no necesariamente significa una “spotización” o saturación, porque nadie tiene 2 mil 309 ojos y oídos para sintonizar al mismo tiempo todas las señales del país.

Sexto. El IFE acordó para la elección federal de 2009 homogeneizar todos los promocionales partidarios a impactos de 30 segundos, pero acorde al artículo 72 del Cofipe las unidades de medida podrían ser en algunos casos de 1 y hasta 2 minutos en la contienda presidencial de 2012.

Séptimo. Los debates presidenciales, en caso de realizarse con formatos flexibles y menos acartonados, pueden favorecer un intercambio fluido de ideas en beneficio de los electores.

Octavo. Más debates, más propuestas y menos spots cortos, puede parecer otro tema para Ripley, pero “aunque usted no lo crea” viable, sin duda elevaría la calidad de nuestra democracia.

*El texto se publicó originalmente en la revista Zócalo, número 133 (marzo de 2011).

Publicado en Medios y Democracia

Anunciantes

logotornado.jpg