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Martes, 15 de Mayo de 2012 10:29

Debate sobre el debate en TV Mexiquense

VIDEO: Fred Álvarez, Luis Manuel Arellano y Luis Miguel Carriedo analizan  el formato del debate presidencial, el desempaño del IFE y el de los candidatos.

POLÍTICA. México,15-Mayo-2012. Después del primer debate presidencial el domingo 6 de mayo en el Pepsi Center del World Trade Center, los analistas Fred Álvarez, Luis Manuel Arellano y Luis Miguel Carriedo analizan su formato, el desempaño del IFE y el de los candidatos.

Compartimos esta mesa de debate sobre el debate mexicano, transmitida en el programa “La Báscula” de TV Mexiquense, el pasado 8 de mayo.

Los debates en México están muy lejos todavía de los formatos europeos de Francia o España e incluso en países como Chile y Brasil en América Latina.

Publicado en Política

Los ojos del candidato de Nueva Alianza no pudieron evitar mirar hacia la polémica modelo argentina que lució un espectacular escote en el debate presidencial de este domingo

POLÍTICA. México-7-Mayo - 2012. Durante el primer debate entre los candidatos a la presidencia de la república, Gabriel Quadri, del partido Nueva Alianza, desvió la mirada para observar el cuerpo escultural de la modelo argentina y Playmete  Julia Orayen, quien era responsable de entregar a cada participante papeles con una letra que determinaría el orden de intervención.

Orayen estuvo al aire durante 20 segundos con su vestido blanco entallado y el pronunciado escote que lucía pudo verse de frente en la transmisión durante 7 segundos.

Jesús Tapia, un experimentado productor de televisión, eligió a la edecán de 1.65 mts dada “la estatura de los candidatos”, según dijo hace unos minutos en entrevista radiofónica con Joaquín López Dóriga.

Tapia inició la entrevista con un  “se me viene el mundo encima”, y más tarde explicó que le había pedido a la edecán llevar tres vestidos blancos pero no pudo supervisar el vestuario final una vez que Orayen salió del camerino al set, por encontrarse en la unidad móvil afinando la transmisión por satélite.

“No la supervisamos y asumo la responsabilidad de lo que pasó …traté de abrir la toma”, dijo.

Orayen ha sido bautizada ya en redes sociales como “la edecán del IFE”. El IFE, por su parte, se disculpó en un comunicado por la provocativa vestimenta: “El Instituto Federal Electoral (IFE), a través de la Comisión Temporal para la Organización de los Debates, integrada por los Consejeros Electorales Sergio García Ramírez, Marco Antonio Baños Martínez y Alfredo Figueroa Fernández, lamentan el desacierto de producción asociado a la vestimenta de una edecán durante el 1er Debate Presidencial y ofrece una disculpa a la ciudadanía y a la Candidata y a los candidatos a la Presidencia”.

Redacción

 

 

 

 

 

Publicado en Política
Jueves, 26 de Abril de 2012 01:35

Spotización, apuntes para el debate

Las contiendas electorales en nuestro país han apostado por instrumentos de difusión diseñados para la publicidad comercial: el spot, particularmente, y la propaganda encubierta de forma paralela. En el primer caso, luego la última elección presidencial, el cambio de reglas en la competencia consolidó indirectamente a este formato como vehículo de comunicación política preponderante, presente ahora con cargo a los tiempos oficiales de 6 de la mañana a 12 de la noche, con impactos de 2 y hasta 3 minutos por cada hora de transmisión, en todas las emisoras de radio y televisión con cobertura en el territorio nacional (48 minutos diarios por emisora durante los procesos electorales).

En cuanto a la propaganda encubierta, debido a que hoy está prohibida la contratación de tiempos y establecidos los formato de acceso a la radio y la televisión, quedó limitada también de manera indirecta, no expresa, para efectos electorales, pero por huecos legales eventualmente puede seguir apareciendo en la publicidad de los gobiernos (siempre y cuando lo encubierto no sea, como sucede habitualmente, la imagen, el nombre o la voz de algún servidor público) e incluso podría permitirse, a partir de una interpretación legal, para los mensajes de partidos políticos (sería lamentable, pero se puede), si por ejemplo se decide utilizar segmentos de tiempo del Estado en la modalidad de “productos integrados”, siempre que esos segmentos correspondan a 30 segundos, 1 y hasta dos minutos por mensaje, que son los rangos que establece el artículo 72 del COFIPE.

Entre spots cortos y engaños largos

Los dos recursos publiciario-propagandísticos, tienen elementos que impiden arribar a un modelo robusto de intercambio de ideas y exposición de ofertas políticas. El spot es demasiado corto y la tendencia ha sido usarlo para posicionar a los partidos como su fueran marcas, con ideas muy genéricas, mientras que la propaganda encubierta parte de engañar al ciudadano, de hacerle pensar que un actor popular es militante del partido que le paga por fingir serlo, que un noticiario registra sin pago de por medio las virtudes de algún aspirante presidencial, o que un comentarista deportivo entrevista y enaltece a un candidato porque simpatiza con sus ideas cuando en realidad todo es un anuncio disfrazado de conversación, de nota, o entrevista espontánea.

Ahí andamos, entre un formato la mayoría de las veces ilegal que busca engañar, y otro muy corto que no permite debatir ideas a profundidad.

Muchas de las críticas a lo que algunos han llamado la “spotización” de la reforma electoral 2007, es decir, al hecho de pautar cerca de 30 millones de promocionales en cada proceso electoral federal, sin pago de por medio (48 minutos diarios durante 150 días en poco más de 2 mil emisoras en todo el país), provienen de personajes que no responden necesariamente a una convicción o interés por una mejor comunicación política, más transparente, sin engaños o en formatos más adecuados para conectar a los partidos con los ciudadanos.

En realidad, la repentina preocupación por este formato y su cantidad de impactos distribuidos en todas las emisoras del país, se ha manifestado más como un pretexto de opinadores afines a las grandes televisoras para descalificar un modelo de 30 millones de promocionales gratuitos y promover un retroceso hacia 30 millones, o más, de promocionales pagados.

Eso no significa ignorar que pese al enorme avance democrático que implica prohibir la contratación de propaganda política en medios electrónicos, sí hay parte de razón en la crítica al formato.

Apuntes

En otras palabras, la discusión de la “spotización” requiere tener presentes los intereses en juego, las verdades a medias y las mentiras completas que se han dicho, pero reconocer que se necesita apostar por mejores formatos, más debate de ideas y mejores condiciones para exponer ofertas políticas. Aquí algunos apuntes en ese ánimo:

Primero. Antes de la reforma electoral los partidos políticos concentraban sus mensajes en el mismo formato de spot, no hay cambio en eso, sólo que en algunos días de campaña había menos y en otros muchos más que ahora (más de 70 minutos diarios de promocionales pagados los días previos a la jornada electoral de 2006 así lo demuestra).

Segundo. Existe una brecha enorme entre la vida interna de los partidos, sus documentos básicos, sus plataformas de gobierno o sus definiciones ideológicas, y los contenidos que alcanzan a difundirse en el formato corto del spot. Apenas alcanza para que los partidos ofrezcan algunos datos o propuestas muy generales, a veces para denigrar al oponente o para mostrar que cantantes, actrices, luchadores o futbolistas simpatizan con sus colores y gobiernos.

Tercero. Hay un problema de origen y radica en que el spot nació para la publicidad comercial en Estados Unidos a mediados del siglo pasado, y supone mensajes cortos que van de 10 a 60 segundos, tiempo suficiente para motivar la compra de un determinado producto si se utiliza con repeticiones estratégicas en espacios de televisión y radio que escuche o vea el “target” del anunciante (no cualquier audiencia, sólo aquella que pueda pagar el producto específico). El alto costo de los espacios comerciales en medios electrónicos es favorable al formato corto (menos tiempo al aire=menor costo), y de hecho, funciona bien para vender, porque no se necesita mucho tiempo para dar a conocer unas papas fritas diciéndole al consumidor que son las más ricas del mundo, que nadie puede comer solo una y que se compran en la tienda de la esquina. Difundir una oferta política no debiera compartir esa lógica como sucede hoy, porque no propicia debate, o espacio adecuado para informar a los ciudadanos cuales son las verdaderas diferencias entre ofertas de gobierno o representación legislativa.

Cuarto. Hay mitos forzados que no deben contaminar la discusión seria para mejorar el formato. Por ejemplo, en agosto de 2009, la revista Nexos publicó un artículo firmado por Mónica Aspe, Alberto Farca y Jimena Otero titulado “Más Spots ¡menos votos!” (así, con signos de admiración).

El texto tuvo una amplia resonancia y fue comentado igual por Héctor Aguilar Camín (quien también considera promover la contratación de spots políticos ilimitada es promover libertad de expresión) que por Sergio Sarmiento como un estudio “contundente”, y con alto rigor académico. La hipótesis de los autores de este “estudio” (una de ellas hoy es funcionaria de la CIRT), es así de simple: mientras más salgas en la tele menos votan por ti porque se satura la audiencia. Ni Jack Palace en Ripley lo hubiera dicho mejor: “aunque usted no lo crea”.

La publicación se dio en un momento en que la industria cabildeaba para intercambiar cargas de tiempos oficiales por productos integrados, los cuales, según ellos, son tan efectivos que ya no sería necesario transmitir 48 minutos diarios, sólo unos 20 o 30, y el resto se pagaría con conductoras anunciando al IFE o a los partidos políticos, sin que hubiera necesariamente una equivalencia de tiempo exacta (porque “más espots, ¡menos votos!”).

La pregunta sería ¿a poco si un cliente tiene ánimo de contratar 90 impactos diarios, un radiodifusor le dice que sólo le compre 6, porque si no la audiencia va a saturarse y sería catastrófico para su producto?

Todavía no conozco, pero debe haber, publicistas que digan: “mientras menos impactos publicitarios es mejor para difundir su producto”, sin embargo, aunque nos recuerde a Jack Palace, para la actual funcionaria de la CIRT y sus dos colegas esa premisa es correcta, mientras más spots políticos hay menos votos.

Las conclusiones de esa investigación “científica”, se basan en la elección federal de 2009 tuvo muchos más spots que la de 2003, y como la participación aumentó “apenas” un 3 por ciento, pues eso probaría que mientras mayor número de promocionales, menor número de votos.

Al respecto habría que tomar en cuenta: 1. Que la lista nominal no tiene una relación idéntica al crecimiento de la población, y gracias a los instrumentos técnicos cada vez más avanzados del Registro Federal de Electores y a las campañas de difusión del IFE –mientras más se transmiten más personas acuden a renovar y actualizar su credencial en los módulos-, la relación de ciudadanos habilitados para votar en 2009 fue superior a la de otros años. En otras palabras, no es riguroso atribuirle al porcentaje de votantes de la lista nominal, la saturación o no de promocionales. Hay muchos factores relacionados con el abstencionismo, desde el desencanto con decisiones políticas, hasta las campañas en contra de autoridades electorales cuando éstas sancionan conductas indebidas de alguna televisora.

Quinto. En 2009 -la primera elección federal con las nueva reglas-, la Cofetel daba cuenta de 2 mil 309 emisoras de radio y televisión en todo el país, y si bien los partidos compraron más de 70 minutos diarios en las principales televisoras los días previos a la jornada electoral de 2006, no lo hicieron en pequeñas radiodifusoras con modesta cobertura que hoy transmiten, al igual que una gran televisora, los mismos 48 minutos diarios durante tiempos electorales, por eso el número global de spots que hoy se pautan parece muy alto, pero en realidad 48 minutos significan 96 promocionales de 30 segundos al día por cada emisora, lo que contrasta con los 70 minutos al día (140 spots) que se llegaron a concentrar en una sola televisora.

Esto no necesariamente significa una “spotización” o saturación, porque nadie tiene 2 mil 309 ojos y oídos para sintonizar al mismo tiempo todas las señales del país.

Sexto. El IFE acordó para la elección federal de 2009 homogeneizar todos los promocionales partidarios a impactos de 30 segundos, pero acorde al artículo 72 del Cofipe las unidades de medida podrían ser en algunos casos de 1 y hasta 2 minutos en la contienda presidencial de 2012.

Séptimo. Los debates presidenciales, en caso de realizarse con formatos flexibles y menos acartonados, pueden favorecer un intercambio fluido de ideas en beneficio de los electores.

Octavo. Más debates, más propuestas y menos spots cortos, puede parecer otro tema para Ripley, pero “aunque usted no lo crea” viable, sin duda elevaría la calidad de nuestra democracia.

*El texto se publicó originalmente en la revista Zócalo, número 133 (marzo de 2011).

Publicado en Medios y Democracia

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