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En la primera entrega sobre este asunto expuse un paquete de reflexiones sobre el modelo de promocionales cortos -los famosos spots-, diseñados con lógica publicitaria y utilizados por partidos y candidatos en cada proceso electoral, como un importante vehículo para obtener el voto de los ciudadanos. El meollo del asunto, decíamos, es que ese formato promueve un tratamiento de las opciones políticas en competencia similar al de posicionar marcas o vender papas fritas.

 

No acudo a la descalificación fácil de “la política”, así en genérico. Yo creo en el sistema de partidos y así como lamento sus acciones en muchos temas, también conozco propuestas serias de algunos, por ejemplo, veo estatutos en los que se reivindica la equidad de género y se abre la puerta para acciones afirmativas que obligan a representar a indígenas y jóvenes en sus candidaturas, veo también decisiones históricas en el terreno legislativo como la propia reforma electoral que extirpó en buena medida la privatización del acceso a radio y televisión en los comicios, aunque nada de eso lo infiero como postura o propuesta a partir de  lo que difunden los partidos en sus spots de campaña.

 

No se trata de buscar un modelo de promocionales sólo con “propuestas”, posturas y logros. En democracia la crítica y exhibición de conductas inmorales o ineficaces de los gobiernos y representantes populares permite también evaluar el rumbo, sin que eso sea equiparable al montaje de escarnios injustificados, o denigración y calumnia calculada no en función de brindar información real, sino de dañar la imagen del adversario a cualquier costo, sin importar que se mienta, con tal de ganarle una rebanada de poder.

 

El primer paso para transitar a elecciones que de verdad permitan tener a la vista las ofertas concretas de gobierno y los compromisos legislativos, es reconocer que no habrá mejores contenidos de las campañas si no existen mejores formatos para exponerlos.

 

Antes con dinero de por medio (o sea, peor que ahora) y hoy a partir de una fragmentación y distribución proporcional de los tiempos del Estado en radio y televisión, el spot reduce la oportunidad de expresar ideas, a sólo frases ocurrentes, golpes denigratorios,  jingles, lemas y actuaciones especiales de luchadores, artistas o medallistas olímpicos. Veamos.

 

Con la actuaciones estelar…

En el año 2000, Juan Gabriel cantaba que “ni Temoc, ni Chente … ni el PRD ni el PAN, el PRI es el que va a ganar”. No se trataba de un militante demostrando su simpatía partidista ni tampoco de un promocional que permitiera valorar ninguna propuesta o crítica seria. De hecho, concluida aquella campaña, se supo que el cantante tenía adeudos fiscales que no fueron perseguidos en el sexenio priísta de Ernesto Zedillo como sí lo fueron en el del panista Vicente Fox. Saque usted sus conclusiones.

 

En esa misma elección, Chespirito apareció en otro spot pidiendo el voto por Fox, igual que la actriz Kate del Castillo. Ambos se veían convencidos del candidato, pero en ninguno de los casos, el spot respectivo aportó una propuesta o idea específica de gobierno que permitiera a la audiencia informarse para ejercer su voto.

 

“Quiero que sepas que a mí nadie me pagó por decir esto”, afirmaba del Castillo en su spot, pero no sabemos si Chespirito o los futbolistas Kikín Fonseca y Alberto García Aspe, igual que la actriz, eran entonces simpatizantes panistas o sólo personajes ocasionales para un anuncio. Es difícil atinarle porque ni siquiera ellos lo aclararon en la pantalla, como tampoco lo hizo el ex portero de la selección mexicana Jorge Campos, quien apenas en 2010 salía en un spot junto a Joan Sebastian y Enrique Peña pidiendo el voto por el priista Manuel Añorve en Guerrero, mientras que en 2005 Campos hizo lo propio en otro promocional para impulsar la política del saliente gobernador perredista, Zeferino Torre Blanca, en torno al conflicto por la polémica presa “La Parota”.

 

Durante las campañas de 2009,  Chantal Andere promovía en spots  al Partido Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano), sin especificar a la audiencia que ella no es militante, sólo una actriz dándole voz e imagen a un guión, que terminaba con el jingle “naranja, naranja”.

 

Un ejemplo por demás emblemático de estas tendencias que se cargan a lo publicitario antes que a brindar información para la deliberación política, lo vimos cuando el actor Raúl Araiza, también en los comicios de 2009,  era  la imagen del Partido Verde.

 

El actor fue entrevistado a propósito de sus aparentes convicciones políticas en la revista Tv y Novelas, con spots ilegales en los que esa supuesta charla –después se demostró que era una inserción pagada- se difundía en televisión como si la revista estuviera promocionando un contenido más para que la compraran, sin reparar en que la difusión seguía al aire mientras la edición que circulaba en los puestos de periódicos ya era otra.

 

Al respecto, el 25 de junio de 2009, el actor dijo en otra entrevista -ésta sí real- transmitida en un programa de espectáculos de MVS, que él no estaba de acuerdo con la “pena de muerte”, una de las propuestas legislativas que defendía en los spots del partido. Pero fue más allá, dijo que salía en los promocionales porque lo escogieron después de un “focus group” y un “casting”. Se trataba de una actuación “como si me hubiera escogido Coca cola o Marinela”, y remató con que él ni siquiera acostumbraba votar en las elecciones: “Mejor voto en la casilla por nadie (…) mi presidente nunca lo quitan, es el señor Azcárraga”, dijo en entrevista con Susana Moscatel.

 

Si algo nos ha enseñado el nuevo modelo de comunicación político electoral, es que los ciudadanos sí han visto o escuchado los spots, es decir, no es un problema de exposición en medios, sino ausencia de condiciones para que esa exposición lleve ofertas políticas y no ocurrencias con música de fondo.

 

Poco después de la elección federal de 2009, acudí a la arena México para a ver como “El Místico” se lucía con lances frente al Negro Casas. El famoso luchador había sido imagen, junto con la medallista y hoy diputada Iridia Salazar, de algunos promocionales del PAN. Esos spots ya eran muy conocidos, fueron vistos de forma eficaz por mucha gente. Así se acreditaba ante mi incredulidad mientras cientos de personas desde las gradas coreaban o abucheaban a la porra ruda que gritaba en cada vuelo del astro mexicano “pinche panista”. Un documentalista de la BBC grababa aquella función en la fila de adelante, y con un español decente preguntó “¿Qué gritan? ¿Por qué se ríen?”. Lo que ocurre es sale en los spots del IFE, le contesté. No creo que me haya entendido, pero de igual forma expresó un “ah” como si la duda hubiese quedado disipada.

    

¿Cómo garantizar mejores contenidos en los spots? De entrada, incluyendo una leyenda en cada promocional que aclare si hay en él actores o militantes, y sin duda, ampliando su tiempo para incentivar el desarrollo de más ideas y menos jingles, de más propuestas y menos lemas, de candidatos en pantalla que expongan de viva voz sus ofertas y no de actuaciones disfrazadas de militancia.

 

Tentaciones

Se han presentado interesantes propuestas para ajustar el formato corto. El 28 de febrero del año pasado un grupo de políticos, escritores e intelectuales, coincidieron en la necesidad de terminar con “la dictadura del spot”, y transitar a segmentos más amplios en los que en verdad puedan exponerse propuestas que permitan a los electores tomar una decisión informada.

 

En ese grupo plural coexiste la firma de un promotor de la restricción constitucional a comprar tiempos en radio y televisión, como José Woldenberg, con la de impulsores  de la libre contratación como Héctor Aguilar Camín.

 

Sería improbable que el mismo senado de la república que voto la reforma electoral de 2007 ahora diera marcha atrás. Eso da tranquilidad a quienes vemos, como sucedió con el movimiento del “voto nulo” en 2009, potenciales tentaciones de los detractores de la reforma electoral para reprivatizar las campañas montándose en un reclamo viable y adecuado para dejarnos de actuaciones y pasar al debate de ideas. A esas sí, les pueden poner toda la música e iluminación que quieran, porque nadie podrá escuchar sólo una.

 

*El texto se publicó originalmente en la revista Zócalo, número 134 (Abril de 2011). El autor es asesor en el Instituto Federal Electoral, sus opiniones son a título personal.

Publicado en Medios y Democracia
Martes, 01 de Mayo de 2012 01:45

El debate,las mentiras y el futbol

 

La tarde de este lunes, la Federación Mexicana de Futbol informó que el partido de liguilla entre Morelia y Tigres se jugará a las 8 de la noche el próximo domingo 6 de mayo, en un horario que no es habitual y que coincide exactamente con el definido para transmitir el debate presidencial en todas las señales públicas de radio y televisión del país, así como en aquellos medios privados que decidan tomar en vivo la señal que el IFE pondrá a su disposición.

Por unanimidad, los representantes de la candidata y los candidatos presidenciales acordaron que su primer debate se realizara ese domingo a esa hora, en el World Trade Center de la ciudad de México. El IFE, consciente de que las rondas finales del torneo profesional de futbol comenzarían la primera semana de mayo, le hizo saber a las dos principales televisoras y a la federación mexicana de futbol el día y la hora del debate, y les pidió valorar la posibilidad de no programar encuentros en ese horario.

Ricardo Salinas Pliego, dueño de Televisión Azteca y del equipo “Monarcas”-Morelia decidió ir en sentido contrario a la petición del IFE, e incluso sincronizó el horario del partido de cuartos de final de tal modo que mientras esté en curso el debate presidencial, el Morelia estará disputando su pase a semifinales con los Tigres, y cuando concluya el debate, terminará también el encuentro futbolero, a las 10 de la noche. Azteca está en su derecho, la ley no se lo impide.

El adivino Orozco y la “libertad de expresión”

El 26 de abril el diario Milenio publicó una entrevista en donde el consejero electoral Marco Antonio Baños, dijo que el IFE estaba en comunicación con las televisoras y con la FEMEXFUT “para lograr que el debate tenga el espacio que necesita, sin que eso perjudique la transmisión de los partidos del futbol”, aunque aclaró que ni Televisa ni Azteca “están obligadas a acatar” la petición de no empalmar el horario del futbol con el del debate.

En ese tenor, para evitar empalmar horarios, si así lo consideraban pertinente las televisoras y los equipos involucrados, el consejero presidente del instituto, Leonardo Valdés, y el consejero electoral que preside la Comisión de debates presidenciales, Sergio García Ramírez, enviaron la semana pasada una carta a la Federación de futbol, a Televisa y a TV Azteca (antes de que se definiera qué equipos jugarían la liguilla).

Al respecto, el senador Javier Orozco (abierto defensor de los intereses de las televisoras) publicó el mismo lunes una columna también en Milenio, refiriéndose a las declaraciones del consejero Baños:“Resulta increíble que se atreva a declarar que el IFE enviará oficios a la Federación Mexicana de Futbol y a las dos principales televisoras para exhortarlos a que los partidos de futbol de la liguilla no se jueguen”.

Orozco, no reparó en que eso ya se había hecho, y en que el atrevimiento que cuestiona nunca se ha referido a que “no se jueguen” los partidos de liguilla.Abundó su reflexión sugiriendo que una carta donde el IFE avisa el horario del debate y pide considerar que no se programen al mismo tiempo partidos de futbol es un atentado contra la libertad de Televisa y Azteca: “Ojalá no manden sus oficios a la Femexfut y a la radiodifusión, porque más que un exhorto es atentar contra sus libertades”.

El libelo de Orozco se difundió varias horas antes de que se diera a conocer la decisión de encimar horarios (adivinó o fue un coincidencia), y cierra defendiendo al futbol como política para combatir los problemas derivados de la pobreza que hay en México: “¿Acaso el consejero Baños no se ha puesto a pensar que el futbol es el deporte más popular en México? ¿No piensa que millones de mexicanos no tienen un ingreso que les permita acudir al estadio y por eso se transmite por televisión y radio gratuita y que es una de las pocas formas de entretenimiento de los mexicanos? (…) la audiencia tiene el derecho de elegir lo que quiere ver, por eso puede cambiar de canal libremente o de plano ¿es a fuerzas [*sí, así lo escribió: “a fuerzas”] que debemos ver el debate? (…) Qué curioso que esta actitud estatista provenga de un órgano autónomo y ciudadano, que además de costoso resultó ser un peligro para los mexicanos con menores recursos, que según cifras oficiales son algo así como 60 millones”.

Los empresarios de la radio y la televisión, y muchos de sus trabajadores, han mostrado una oposición obsesiva en contra de la reforma electoral de 2007-2008. El meollo de toda la protesta es la prohibición a contratar spots o cualquier modalidad de radio y televisión para difundir propaganda política. De eso se trata esta nueva trampa del futbol, la patraña de los supuestos debates prohibidos por el IFE, la “imposible” viabilidad técnica para transmitir spots locales, el atentado a la libertad de expresión si se monitoreaban programas de opinión para difundir su tendencia libre y la defensa que muchos hicieron de lo que consideraron el derecho humano a vender entrevistas y a ponerse parches propagandísticos en una pelea de box. Todo eso se resume en la exigencia por volver a la compra venta de tiempo aire.

Las televisoras, para escarmentar a la clase política que les quito el pago de spots propagandísticos, han reducido considerablemente el tiempo que le dedican sus noticiarios a las campañas electorales (en comparación con otros años), y no han perdido oportunidad para dibujar cualquier derivado de la reforma como violatorio de la libertad. Creo en verdad que son respetables algunas posturas críticas a la reforma, y así deben verse incluso las que provienen de personas como Javier Orozco, pero también creo que ayudaría discutirlas sin máscaras, el tema es el dinero que perdieron y que buscan recuperar con una contrarreforma, y no la libertad de sintonizar el futbol, los pobres que no pueden pagar un boleto en el estadio Morelos ni el “a fuerzas” debate.

La NFL y el Morelia de Salinas Pliego

No es algo nuevo que las ligas deportivas profesionales eviten encimar transmisiones de sus partidos cuando existe otro evento, en este caso de carácter político-electoral, que puede tener relevancia en la vida democrática de un país. El próximo miércoles 5 de septiembre, cuando faltarán dos meses para la elección presidencial de Estados Unidos, el partido inaugural 2012-2013 de la liga profesional de futbol americano (NFL) lo abrirá el campeón Gigantes de Nueva York, un día antes de lo previsto.

Desde 1948, es decir desde hace 64 años, no se había jugado un partido inaugural de la NFL ese día de la semana, pero el presidente de la liga, Roger Goodell, informó a finales de febrero que se adelantaba el juego y con él la temporada para no empalmar la transmisión con el discurso que Barack Obama dará el jueves 6 de septiembre en la convención del partido demócrata.

En México, en contraste, el IFE informó la fecha del debate y pidió a las televisoras procurar no empalmar horarios con el futbol. Salinas Pliego ignoró la solicitud y como nunca en 64 años programó un partido de su equipo Morelia en domingo a la 8 de la noche.

Lejos de los 60 millones de pobres que invoca Javier Orozco, Salinas Pliego ocupa el lugar 37 en la lista de multimillonarios de la revista Forbes. Sobre su libertad para dinamitar la audiencia del debate presidencial,Salinas escribió: “Si quieren debate, véanlo por Televisa, si no, vean el fútbol por Azteca. Yo les paso los ratings al día siguiente”.

En mayo de 2011, el encuentro de futbol entre la selección mexicana y la de Ecuador tuvo 8.8 puntos de rating en TV Azteca, mientras un programa de 5 minutos pautado por el IFE en canal 9 de Televisa, del Partido Verde Ecologista, registró 8.7 puntos y otro de Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano) 8.8 puntos, lo que significa que poco más de 3 millones de televidentes vieron el programa político y exactamente el mismo número el partido en Azteca 13.

Yo veré el debate, eso decido en libertad,suerte a Salinas Pliego con sus reportes de audiencia y su conducta, que a mi modo de ver se parece más a la de un porro que a la de un empresario que lucra con un bien concesionado por el Estado. Allá él y quienes le aplauden, que ejerza su libertad.

Epílogo

El artículo 62 de la Ley Federal de Radio y Televisión establece una facultad discrecional de la Secretaría de Gobernación en los siguientes términos: “Todas las estaciones de radio y televisión en el país estarán obligadas a encadenarse cuando se trate de transmitir informaciones de trascendencia para la nación, a juicio de la Secretaría de Gobernación”.

Por su parte, el artículo 70 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, establece que los permisionarios públicos están obligados a transmitir en vivo el debate presidencial, mientras que los concesionarios que así lo decidan pueden también hacerlo. El IFE no pidió encadenamiento obligatorio a la SEGOB, y no lo hará. Eso quieren algunos detractores de la reforma electoral para otra vez empezar con el petate del muerto y decir que la libertad de expresión está amenazada. Ya cansa, mejor que se digan las cosas como son, es el dinero que perdieron por compra venta de spots, si eso vuelve, se acaban estos shows y empiezan otros. Dinero vil metal, diría Serrat.

*El autor es asesor en el IFE. Sus opiniones son a título personal

 

 

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Jueves, 26 de Abril de 2012 01:35

Spotización, apuntes para el debate

Las contiendas electorales en nuestro país han apostado por instrumentos de difusión diseñados para la publicidad comercial: el spot, particularmente, y la propaganda encubierta de forma paralela. En el primer caso, luego la última elección presidencial, el cambio de reglas en la competencia consolidó indirectamente a este formato como vehículo de comunicación política preponderante, presente ahora con cargo a los tiempos oficiales de 6 de la mañana a 12 de la noche, con impactos de 2 y hasta 3 minutos por cada hora de transmisión, en todas las emisoras de radio y televisión con cobertura en el territorio nacional (48 minutos diarios por emisora durante los procesos electorales).

En cuanto a la propaganda encubierta, debido a que hoy está prohibida la contratación de tiempos y establecidos los formato de acceso a la radio y la televisión, quedó limitada también de manera indirecta, no expresa, para efectos electorales, pero por huecos legales eventualmente puede seguir apareciendo en la publicidad de los gobiernos (siempre y cuando lo encubierto no sea, como sucede habitualmente, la imagen, el nombre o la voz de algún servidor público) e incluso podría permitirse, a partir de una interpretación legal, para los mensajes de partidos políticos (sería lamentable, pero se puede), si por ejemplo se decide utilizar segmentos de tiempo del Estado en la modalidad de “productos integrados”, siempre que esos segmentos correspondan a 30 segundos, 1 y hasta dos minutos por mensaje, que son los rangos que establece el artículo 72 del COFIPE.

Entre spots cortos y engaños largos

Los dos recursos publiciario-propagandísticos, tienen elementos que impiden arribar a un modelo robusto de intercambio de ideas y exposición de ofertas políticas. El spot es demasiado corto y la tendencia ha sido usarlo para posicionar a los partidos como su fueran marcas, con ideas muy genéricas, mientras que la propaganda encubierta parte de engañar al ciudadano, de hacerle pensar que un actor popular es militante del partido que le paga por fingir serlo, que un noticiario registra sin pago de por medio las virtudes de algún aspirante presidencial, o que un comentarista deportivo entrevista y enaltece a un candidato porque simpatiza con sus ideas cuando en realidad todo es un anuncio disfrazado de conversación, de nota, o entrevista espontánea.

Ahí andamos, entre un formato la mayoría de las veces ilegal que busca engañar, y otro muy corto que no permite debatir ideas a profundidad.

Muchas de las críticas a lo que algunos han llamado la “spotización” de la reforma electoral 2007, es decir, al hecho de pautar cerca de 30 millones de promocionales en cada proceso electoral federal, sin pago de por medio (48 minutos diarios durante 150 días en poco más de 2 mil emisoras en todo el país), provienen de personajes que no responden necesariamente a una convicción o interés por una mejor comunicación política, más transparente, sin engaños o en formatos más adecuados para conectar a los partidos con los ciudadanos.

En realidad, la repentina preocupación por este formato y su cantidad de impactos distribuidos en todas las emisoras del país, se ha manifestado más como un pretexto de opinadores afines a las grandes televisoras para descalificar un modelo de 30 millones de promocionales gratuitos y promover un retroceso hacia 30 millones, o más, de promocionales pagados.

Eso no significa ignorar que pese al enorme avance democrático que implica prohibir la contratación de propaganda política en medios electrónicos, sí hay parte de razón en la crítica al formato.

Apuntes

En otras palabras, la discusión de la “spotización” requiere tener presentes los intereses en juego, las verdades a medias y las mentiras completas que se han dicho, pero reconocer que se necesita apostar por mejores formatos, más debate de ideas y mejores condiciones para exponer ofertas políticas. Aquí algunos apuntes en ese ánimo:

Primero. Antes de la reforma electoral los partidos políticos concentraban sus mensajes en el mismo formato de spot, no hay cambio en eso, sólo que en algunos días de campaña había menos y en otros muchos más que ahora (más de 70 minutos diarios de promocionales pagados los días previos a la jornada electoral de 2006 así lo demuestra).

Segundo. Existe una brecha enorme entre la vida interna de los partidos, sus documentos básicos, sus plataformas de gobierno o sus definiciones ideológicas, y los contenidos que alcanzan a difundirse en el formato corto del spot. Apenas alcanza para que los partidos ofrezcan algunos datos o propuestas muy generales, a veces para denigrar al oponente o para mostrar que cantantes, actrices, luchadores o futbolistas simpatizan con sus colores y gobiernos.

Tercero. Hay un problema de origen y radica en que el spot nació para la publicidad comercial en Estados Unidos a mediados del siglo pasado, y supone mensajes cortos que van de 10 a 60 segundos, tiempo suficiente para motivar la compra de un determinado producto si se utiliza con repeticiones estratégicas en espacios de televisión y radio que escuche o vea el “target” del anunciante (no cualquier audiencia, sólo aquella que pueda pagar el producto específico). El alto costo de los espacios comerciales en medios electrónicos es favorable al formato corto (menos tiempo al aire=menor costo), y de hecho, funciona bien para vender, porque no se necesita mucho tiempo para dar a conocer unas papas fritas diciéndole al consumidor que son las más ricas del mundo, que nadie puede comer solo una y que se compran en la tienda de la esquina. Difundir una oferta política no debiera compartir esa lógica como sucede hoy, porque no propicia debate, o espacio adecuado para informar a los ciudadanos cuales son las verdaderas diferencias entre ofertas de gobierno o representación legislativa.

Cuarto. Hay mitos forzados que no deben contaminar la discusión seria para mejorar el formato. Por ejemplo, en agosto de 2009, la revista Nexos publicó un artículo firmado por Mónica Aspe, Alberto Farca y Jimena Otero titulado “Más Spots ¡menos votos!” (así, con signos de admiración).

El texto tuvo una amplia resonancia y fue comentado igual por Héctor Aguilar Camín (quien también considera promover la contratación de spots políticos ilimitada es promover libertad de expresión) que por Sergio Sarmiento como un estudio “contundente”, y con alto rigor académico. La hipótesis de los autores de este “estudio” (una de ellas hoy es funcionaria de la CIRT), es así de simple: mientras más salgas en la tele menos votan por ti porque se satura la audiencia. Ni Jack Palace en Ripley lo hubiera dicho mejor: “aunque usted no lo crea”.

La publicación se dio en un momento en que la industria cabildeaba para intercambiar cargas de tiempos oficiales por productos integrados, los cuales, según ellos, son tan efectivos que ya no sería necesario transmitir 48 minutos diarios, sólo unos 20 o 30, y el resto se pagaría con conductoras anunciando al IFE o a los partidos políticos, sin que hubiera necesariamente una equivalencia de tiempo exacta (porque “más espots, ¡menos votos!”).

La pregunta sería ¿a poco si un cliente tiene ánimo de contratar 90 impactos diarios, un radiodifusor le dice que sólo le compre 6, porque si no la audiencia va a saturarse y sería catastrófico para su producto?

Todavía no conozco, pero debe haber, publicistas que digan: “mientras menos impactos publicitarios es mejor para difundir su producto”, sin embargo, aunque nos recuerde a Jack Palace, para la actual funcionaria de la CIRT y sus dos colegas esa premisa es correcta, mientras más spots políticos hay menos votos.

Las conclusiones de esa investigación “científica”, se basan en la elección federal de 2009 tuvo muchos más spots que la de 2003, y como la participación aumentó “apenas” un 3 por ciento, pues eso probaría que mientras mayor número de promocionales, menor número de votos.

Al respecto habría que tomar en cuenta: 1. Que la lista nominal no tiene una relación idéntica al crecimiento de la población, y gracias a los instrumentos técnicos cada vez más avanzados del Registro Federal de Electores y a las campañas de difusión del IFE –mientras más se transmiten más personas acuden a renovar y actualizar su credencial en los módulos-, la relación de ciudadanos habilitados para votar en 2009 fue superior a la de otros años. En otras palabras, no es riguroso atribuirle al porcentaje de votantes de la lista nominal, la saturación o no de promocionales. Hay muchos factores relacionados con el abstencionismo, desde el desencanto con decisiones políticas, hasta las campañas en contra de autoridades electorales cuando éstas sancionan conductas indebidas de alguna televisora.

Quinto. En 2009 -la primera elección federal con las nueva reglas-, la Cofetel daba cuenta de 2 mil 309 emisoras de radio y televisión en todo el país, y si bien los partidos compraron más de 70 minutos diarios en las principales televisoras los días previos a la jornada electoral de 2006, no lo hicieron en pequeñas radiodifusoras con modesta cobertura que hoy transmiten, al igual que una gran televisora, los mismos 48 minutos diarios durante tiempos electorales, por eso el número global de spots que hoy se pautan parece muy alto, pero en realidad 48 minutos significan 96 promocionales de 30 segundos al día por cada emisora, lo que contrasta con los 70 minutos al día (140 spots) que se llegaron a concentrar en una sola televisora.

Esto no necesariamente significa una “spotización” o saturación, porque nadie tiene 2 mil 309 ojos y oídos para sintonizar al mismo tiempo todas las señales del país.

Sexto. El IFE acordó para la elección federal de 2009 homogeneizar todos los promocionales partidarios a impactos de 30 segundos, pero acorde al artículo 72 del Cofipe las unidades de medida podrían ser en algunos casos de 1 y hasta 2 minutos en la contienda presidencial de 2012.

Séptimo. Los debates presidenciales, en caso de realizarse con formatos flexibles y menos acartonados, pueden favorecer un intercambio fluido de ideas en beneficio de los electores.

Octavo. Más debates, más propuestas y menos spots cortos, puede parecer otro tema para Ripley, pero “aunque usted no lo crea” viable, sin duda elevaría la calidad de nuestra democracia.

*El texto se publicó originalmente en la revista Zócalo, número 133 (marzo de 2011).

Publicado en Medios y Democracia

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